Contexto de la noticia
Sara Blanch y Michael Spyres ofrecieron en la iglesia del Carme un recital del Festival Peralada 2026 junto al pianista Giulio Zappa.
Blanch regresó al certamen diez años después de su etapa como primera artista residente, mientras que Spyres debutó en Peralada con un programa de ópera, bel canto, zarzuela y canción popular que puso de relieve la versatilidad vocal y teatral de ambos cantantes.
El repertorio incluyó obras de Offenbach, Rossini, Gounod, Puccini, Sorozábal, Chapí, Donizetti, Ambroise Thomas y Agustín Lara, con momentos destacados como la escena de la locura de Ofelia, Largo al factotum, Granada y el dúo Caro elisir, sei mio!.
La velada concluyó con varias propinas, entre ellas La donna è mobile, Quando me’n vo y Non ti scordar di me, tras una amplia ovación del público.
Publicado en TLM
Sara Blanch y Michael Spyres protagonizaron en la iglesia del Carme uno de los recitales líricos del Festival Peralada 2026, acompañados al piano por Giulio Zappa. La soprano catalana regresó al certamen diez años después de convertirse en su primera artista residente, mientras que el tenor estadounidense debutó en Peralada con un programa que recorrió ópera, bel canto, zarzuela y canción popular.

El Festival Peralada ha reunido esta noche en la iglesia del Carme a dos voces situadas en momentos especialmente significativos de sus trayectorias.
Sara Blanch ha regresado a un escenario estrechamente vinculado a su crecimiento artístico, justo cuando se cumplen diez años de su debut en el certamen como primera artista residente. Michael Spyres, una de las figuras más singulares de la lírica actual, ha actuado por primera vez en Peralada.
Con Giulio Zappa al piano, ambos han construido un recital extenso y variado, concebido como una celebración del canto y de la capacidad de la ópera para pasar de la seducción al desengaño, del humor a la locura y del refinamiento del bel canto a la ligereza de la zarzuela y la canción popular.
El programa estaba constituido por una mayoría de obras muy conocidas por el público, que ha seguido el recital y se ha contagiado de la vitalidad de los tres intérpretes.
Spyres ha abierto el programa con la canción de Kleinzach de Les Contes d’Hoffmann, un pasaje que combina la narración grotesca del enano con el recuerdo repentino de la amada.




El tenor estadounidense, con una vena cómica natural, nada forzada, ha mostrado de entrada una de las cualidades que explican la singularidad de su carrera: la amplitud de una voz que él mismo define como baritenor y que le permite moverse con comodidad por tesituras diversas.
Esta condición se ha hecho aún más evidente en el popular Largo al factotum de Il barbiere di Siviglia, escrito para barítono, donde ha resuelto con fluidez la agilidad y el ritmo verbal, y ha remarcado el carácter expansivo de Figaro sin convertir la pieza en una suerte de fuegos artificiales ni acentuar innecesariamente una comicidad intrínseca a la obra, sin necesidad de añadidos.
Otra de las características de Spyres es su capacidad para captar, procesar y mostrar sin excesos el espíritu teatral de las piezas que interpreta en un formato de concierto y un espacio limitado, que aprovecha a la perfección. Es una habilidad que comparte con la soprano que hoy lo acompañaba.
Sara Blanch ha realizado su primera intervención en el recital con Je veux vivre, de Roméo et Juliette de Gounod, y ha situado la velada en el terreno que mejor identifica su personalidad artística: una voz luminosa, flexible y capaz de articular las coloraturas con una claridad extraordinaria.
El aria de Juliette, con su impulso juvenil, ha encontrado continuidad en la conmovedora Oh mio babbino caro, de Gianni Schicchi, abordada desde una línea más contenida y expresiva de lo habitual, muy adecuada al espacio íntimo en el que ha transcurrido la velada, la iglesia del Carme.
Las dos piezas han permitido apreciar a una intérprete que, además de precisión técnica, ha sido capaz de otorgar sentido dramático a unos textos que la popularidad ha convertido casi en piezas autónomas.
El recorrido por la zarzuela ha supuesto un cambio de lengua, acento y carácter. Spyres ha afrontado No puede ser, de La tabernera del puerto de Pablo Sorozábal, poniendo el acento en la agitación emocional de Leandro.
Blanch ha respondido con la canción Carceleras, de Las hijas del Zebedeo de Ruperto Chapí, una pieza de ritmo muy vivo que requiere precisión, desenvoltura y una dicción clara y limpia.
El paso de un repertorio a otro ha revelado que ambos cantantes entienden que el estilo también se construye desde la palabra y desde el carácter de cada escena. La primera parte se ha cerrado con Caro elisir, sei mio!, de L’elisir d’amore.
El dúo entre Adina y Nemorino ha aportado el juego teatral más explícito de la velada. Blanch ha perfilado la inteligencia y el control con los que Adina observa el cambio del joven, mientras Spyres ha dado al personaje la confianza ingenua que le proporciona el supuesto elixir.
La complicidad entre ambos ha permitido que el dúo avanzara con naturalidad, a partir de las miradas, las inflexiones y el diálogo musical. Giulio Zappa ha sido determinante en este equilibrio, atento a la respiración de los cantantes y capaz de dar el relieve necesario al acompañamiento.
Una segunda parte muy exigente


La segunda parte ha concentrado posiblemente los retos más exigentes con dos fragmentos de Hamlet de Ambroise Thomas. En el brindis Ô vin, dissipe la tristesse, Spyres ha vuelto a desplegar el contraste entre la solidez en el registro grave, la proyección en el agudo y una gran agilidad.
A continuación, Blanch ha afrontado À vos jeux, mes amis, la gran escena de la locura de Ofelia. Es una pieza extensa que exige un gran dominio de la voz y capacidad expresiva para sugerir la descomposición del personaje.
La soprano ha puesto todos estos recursos al servicio de la escena, haciendo que los pasajes ornamentales no perdieran el vínculo con la creciente fragilidad de Ofelia.
Ha sido uno de los momentos culminantes del concierto y una nueva muestra de la dimensión que ha adquirido la voz de Blanch tras una década de presencia en algunos de los principales teatros europeos.
Después de esta concentración dramática, la Serenata de Calogero Adolfo Bracco, con letra de Enrico Caruso, y Musica proibita de Stanislao Gastaldon han abierto un tramo de comunicación más directa. Spyres ha remarcado el carácter expansivo de la primera, y Blanch ha interpretado la melodía sentimental de la segunda sin cargar su efusión.
Granada, de Agustín Lara, ha dado al tenor la oportunidad de reunir potencia y sentido del espectáculo en una canción incorporada desde hace décadas al repertorio de los grandes cantantes líricos y que hace las delicias del público, que la reconoce desde los primeros compases.
El regreso definitivo al repertorio hispánico ha llegado con Me llaman la primorosa, de El barbero de Sevilla de Gerónimo Giménez y Manuel Nieto. Blanch, que se ha cambiado de vestido por segunda vez, luciendo uno muy vistoso y de aires andaluces, ha proyectado su vivacidad y ha superado las exigencias técnicas con una naturalidad que ha reforzado el vínculo entre la escritura de la zarzuela y la tradición belcantista que ha atravesado todo el recital.
Torero quiero ser, de El gato montés de Manuel Penella, ha reunido finalmente a los dos cantantes en un número de perfil popular y teatral, adecuado para cerrar un programa que no ha establecido jerarquías entre géneros, sino que ha explorado sus afinidades.
La generosa ovación del público ha tenido como propina la interpretación, por parte de Spyres, de la archiconocida aria del duque de Mantua La donna è mobile, de Rigoletto de Verdi; Sara Blanch ha respondido con Quando me’n vo, aria de Musetta, conocida también como el Vals de Musetta, de la ópera La bohème, de Giacomo Puccini, y han cantado a dúo Non ti scordar di me, una canción napolitana de Ernesto De Curtis, con letra de Domenico Furnò.
Como simpático colofón final, han despedido al público con Addio, addio, cantado conjuntamente, que es el final del dúo È il sol dell’anima, de Rigoletto.
El concierto, al que han asistido los consejeros de Cultura y de Unión Europea y Acción Exterior de la Generalitat de Catalunya, la Honorable Señora Sònia Hernández y el Honorable Señor Jaume Duch, también ha ofrecido una lectura de trayectoria.
Blanch ha regresado a Peralada diez años después de ser la primera artista residente del festival y tras sus recientes debuts en la Ópera de París, la Royal Opera House y La Scala, convertida ya en una figura consolidada de su generación.
Spyres, con una carrera que abarca Rossini, Berlioz, Verdi, Wagner y Strauss, ha mostrado en su debut en el certamen una concepción abierta del canto, capaz de moverse entre autores, épocas y estilos diversos.
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