Contexto de la noticia
La Orquesta del Festival de Bayreuth debutó en el Palau de la Música Catalana para clausurar la edición de verano y el 40.º aniversario del Festival Peralada.
El concierto, dirigido por Pablo Heras-Casado, coincidió con la celebración de los 150 años del Festival de Bayreuth y marcó el inicio de una gira de la formación alemana por cinco ciudades españolas.
Catherine Foster, Klaus Florian Vogt y Nicholas Brownlee participaron en una selección de El anillo del nibelungo de Richard Wagner.
El programa condensó El oro del Rin, La valquiria, Siegfried y El ocaso de los dioses en un recorrido continuo por algunos de los episodios fundamentales de la tetralogía.
La dirección de Heras-Casado y la respuesta de la Orquesta del Festival de Bayreuth reforzaron el carácter dramático de la propuesta, con especial protagonismo de la marcha fúnebre de Siegfried, la escena final de Brünnhilde y la Cabalgata de las valquirias, ofrecida como bis tras una intensa ovación.
Publicado en TLM
Pablo Heras-Casado
La Orquesta del Festival de Bayreuth inicia su gira española
El Festival Peralada cerró el 29 de agosto su edición de verano y la celebración de su 40.º aniversario con el debut de la Orquesta del Festival de Bayreuth en el Palau de la Música Catalana. Bajo la dirección de Pablo Heras-Casado, Catherine Foster, Klaus Florian Vogt y Nicholas Brownlee interpretaron una selección de El anillo del nibelungo, con la que la formación alemana inició la gira de su 150.º aniversario.
El Festival Peralada ha cerrado esta noche la celebración de sus cuarenta años en el Palau de la Música Catalana con un invitado excepcional: la Orquesta del Festival de Bayreuth, una formación que rara vez actúa fuera del teatro para el que fue concebida.
La cita ha reunido dos conmemoraciones, porque el certamen creado por Richard Wagner (1813–1883) también celebra este año sus ciento cincuenta años.
El concierto, con todas las localidades ocupadas, ha puesto el punto final a la edición de verano de Peralada y ha abierto una gira de la orquesta alemana por cinco ciudades del Estado, que continuará hasta el 6 de septiembre. La coincidencia ha convertido la velada en una de las grandes citas de la temporada musical en nuestro país.




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150 años de excelencia

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El Palau ha acogido el encuentro de dos festivales con dimensiones y trayectorias muy distintas, unidos por una identidad artística definida y una estrecha relación con la ópera.
La confianza entre el certamen ampurdanés y Katharina Wagner, bisnieta del compositor y directora artística del Festival de Bayreuth, ha sido decisiva para hacer realidad el proyecto, junto con la participación del Palau de la Música Catalana, que recibía a la orquesta por primera vez.
La formación había visitado Cataluña en dos ocasiones: en 1955, en los Festivales Wagner del Gran Teatre del Liceu, todavía con la Orquesta de Bamberg, y en 2012, cuando el teatro barcelonés acogió a la orquesta, el coro y los solistas de Bayreuth.
El programa ha condensado el largo recorrido de El anillo del nibelungo, la obra magna de Wagner, en algunos de sus momentos esenciales. La partitura “resume mejor que ninguna otra su ideario estético, su búsqueda del arte como redentor del mundo con un resultado mastodóntico de más de quince horas de música”, según explica el crítico musical Jordi Maddaleno en el programa de mano.
La tetralogía ha quedado reducida a dos partes que han respetado el orden de las cuatro obras: El oro del Rin, La valquiria, Siegfried y El ocaso de los dioses.
El recorrido ha ido desde el nacimiento de este mundo en el Rin y el ascenso de los dioses al Valhalla hasta la destrucción final y el regreso del oro a las aguas. Sin escenografía ni movimiento teatral, toda la narración ha recaído en la música.
Una selección con sentido de continuidad


Pablo Heras-Casado ha conducido el recorrido con una clara voluntad de continuidad. El director granadino conoce bien a la orquesta desde que debutó en Bayreuth con Parsifal, en 2023, y la relación se ha reforzado durante las últimas ediciones.
En 2028 será el primer director español que asuma un ciclo completo de El anillo del nibelungo en el festival alemán. Heras-Casado había explicado que quería evitar una mera sucesión de episodios independientes, y la selección ha avanzado sin bruscas rupturas, desde la solemnidad inicial hasta la amplitud trágica de la segunda parte.
Su dirección precisa ha ordenado una masa orquestal de grandes dimensiones y ha dado espacio a los pasajes más reposados sin rebajar la tensión.
La entrada de los dioses en el Valhalla, procedente de El oro del Rin, ha abierto el concierto con Nicholas Brownlee en la breve intervención de Wotan. La orquesta ha ensanchado gradualmente la sonoridad hasta llenar la sala en un fragmento que muestra la magnificencia de los dioses y anuncia la fragilidad de su poder.
El bajo-barítono estadounidense ha exhibido una voz sólida y autoritaria, adecuada para un personaje que contempla con orgullo la fortaleza recién conquistada.
La disposición de la orquesta sobre el escenario ha marcado una diferencia sustancial respecto a las actuaciones en Bayreuth, donde toca oculta bajo el célebre foso cubierto.
En el Palau, la presencia física de la formación y el relieve de cada familia instrumental también han formado parte del espectáculo.
Con La valquiria, el relato ha pasado de los dioses a los humanos. Klaus Florian Vogt ha interpretado Ein Schwert verhieß mir der Vater, el monólogo en el que Siegmund recuerda la espada que su padre le había prometido para el momento de máxima necesidad.
El tenor alemán ha conservado la claridad y la luminosidad propias de su voz, con una emisión que ha superado limpiamente la densidad orquestal. Después ha llegado la despedida de Wotan, Leb wohl, du kühnes, herrliches Kind!, una de las escenas más conmovedoras de la tetralogía.
Brownlee ha encarnado a un padre obligado a castigar a su hija predilecta, mientras la orquesta recogía el dolor del personaje hasta la aparición del fuego que protegerá el sueño de Brünnhilde. Heras-Casado ha graduado la emoción del final sin acelerar su curso.
La parte final del primer bloque ha correspondido a Siegfried. El murmullo del bosque ha dejado uno de los momentos más transparentes de la noche: las maderas han evocado el movimiento de la naturaleza y los metales han cedido temporalmente el primer plano.
El reencuentro entre Siegfried y Brünnhilde ha vuelto a movilizar toda la fuerza del conjunto. Catherine Foster se ha incorporado con una Brünnhilde de voz segura, junto al Siegfried de Vogt.
En Ewig war ich…, ambos han expresado el desconcierto y el entusiasmo de los personajes ante un amor que altera el mundo que conocían. La interpretación ha pasado de la contemplación inicial de Brünnhilde al empuje del dúo y ha mantenido el carácter teatral de la escena. Así se ha cerrado una primera parte muy intensa, de casi una hora.
La marcha fúnebre de Siegfried, un punto álgido


Después de la pausa, El ocaso de los dioses ha ocupado toda la segunda parte y ha concentrado el desenlace de la historia. El amanecer y el viaje de Siegfried por el Rin han recuperado brevemente el impulso heroico. La orquesta ha avanzado con energía y ha hecho reconocibles varios motivos vinculados a los personajes y a los objetos que recorren la tetralogía.
El optimismo ha durado poco. En la muerte de Siegfried, Vogt ha combinado resistencia y fragilidad mientras el héroe recuperaba, durante sus últimos instantes, el recuerdo de Brünnhilde. La voz se ha integrado en una trama orquestal que ya anunciaba el alcance de la catástrofe.
La marcha fúnebre ha sido uno de los puntos culminantes del concierto. Sin voces, Wagner reconstruye musicalmente la vida de Siegfried y transforma la muerte individual en el derrumbe de todo un orden.
Heras-Casado ha graduado su avance con firmeza, desde los primeros compases hasta el estallido de los metales. La Orquesta del Festival de Bayreuth ha mostrado su familiaridad con un lenguaje que constituye su razón de ser, con una sonoridad compacta y una respuesta precisa a los numerosos cambios de intensidad.
Foster ha interpretado la gran escena final de Brünnhilde, Starke Scheite schichtet mir dort, en la que la valquiria ordena preparar la pira de Siegfried, comprende el alcance de la traición y se entrega a las llamas.
La soprano británica, estrechamente vinculada a Bayreuth, ha sostenido la exigencia del fragmento y ha subrayado su determinación. Ya no era la figura despertada al amor al final de Siegfried, sino una mujer que ha alcanzado el conocimiento que los dioses no han sabido administrar.
La orquesta ha recuperado los recuerdos musicales de la tetralogía y los ha conducido hacia la destrucción del Valhalla y el regreso del oro al Rin, casi dos horas después del inicio del trayecto.
La música de Wagner tiene una larga historia en el Palau. Barcelona ya la había escuchado en 1862, cuando Josep Anselm Clavé dio a conocer los coros de Tannhäuser, y el edificio conserva varias referencias wagnerianas en su decoración.
Esta tradición ha sumado hoy un nuevo capítulo con la primera actuación de la Orquesta del Festival de Bayreuth en la sala modernista. Lejos de su entorno habitual, la formación ha acercado al público catalán un sonido vinculado a uno de los teatros más singulares del mundo.
Los aplausos, acompañados de numerosos gritos de aprobación, han reunido varias veces en el centro del escenario a Foster, Vogt, Brownlee y Heras-Casado y han llevado a la orquesta a ofrecer un bis muy conocido.
La formación alemana ha interpretado la Cabalgata de las valquirias, preludio del tercer acto de La valquiria, y ha cerrado la velada con una nueva demostración de fuerza.
Los metales, que durante todo el concierto han destacado por su potencia, precisión y una sonoridad imponente, han adquirido un protagonismo especial, impulsados por la dirección enérgica de Pablo Heras-Casado.
Los aplausos y los gritos de «bravo» se han prolongado durante casi diez minutos y han hecho salir repetidamente a saludar a los solistas, al director y a la orquesta.
El Festival Peralada ha culminado así sus cuarenta años con una propuesta fuera del recinto ampurdanés y plenamente coherente con el papel que la ópera y las grandes voces han tenido en su historia.
Bayreuth ha iniciado la gira de su siglo y medio de vida con la obra que dio origen al festival, estrenada íntegramente en 1876. El encuentro de los dos aniversarios ha dejado en el Palau una clausura difícil de repetir.
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