Contexto de la noticia
Las Danzas húngaras de Johannes Brahms constituyen una de las colecciones más célebres del Romanticismo musical del siglo XIX y el eje de esta sesión de Audiciones Comentadas.
Publicadas originalmente para piano a cuatro manos, estas piezas nacen del contacto del compositor con la música tradicional húngara y con las interpretaciones de músicos gitanos que escuchó durante su juventud en Hamburgo.
Brahms transformó esas melodías populares mediante un lenguaje propio, caracterizado por armonías refinadas, contrastes dinámicos y una sólida construcción formal.
La audición analiza los rasgos musicales que definen estas obras: cambios repentinos de tempo, acentos rítmicos característicos y contrastes entre secciones melancólicas y momentos de gran energía.
Este repertorio ejemplifica el equilibrio entre tradición popular y escritura clásica que distingue la música de Brahms.
Nacido en Hamburgo en 1833 y posteriormente establecido en Viena, el compositor desarrolló una obra que dialoga con la tradición de Bach y Beethoven, consolidando una de las contribuciones más influyentes del repertorio musical europeo.
Una nueva Audición Comentada
En esta sesión de Audiciones Comentadas vamos a acercarnos a una de las colecciones más populares, brillantes y vibrantes de la música del siglo XIX: las Danzas húngaras de Johannes Brahms.
Se trata de un conjunto de piezas breves que, a pesar de su aparente sencillez, esconden una enorme riqueza musical y un fascinante encuentro entre la tradición popular y el arte compositivo de uno de los grandes maestros del Romanticismo.
Brahms conoció desde muy joven la música tradicional de Europa central. Durante su juventud en Hamburgo tuvo ocasión de escuchar con frecuencia a violinistas gitanos y músicos ambulantes que interpretaban melodías de inspiración húngara, muy populares en el ámbito del Imperio austrohúngaro.
Aquella música, llena de intensidad expresiva, contrastes rítmicos y giros melódicos característicos, impresionó profundamente al joven compositor. Sus ritmos apasionados, que alternan momentos de gran lirismo con estallidos de energía casi improvisados, dejaron una huella duradera en su imaginación musical.



Años más tarde, Brahms comenzó a trabajar sobre ese repertorio, recreando y transformando muchas de aquellas melodías en una serie de piezas que pronto alcanzarían un enorme éxito.
Las Danzas húngaras, publicadas inicialmente para piano a cuatro manos, se difundieron con extraordinaria rapidez por toda Europa. Su vitalidad, su carácter inmediato y su atractivo rítmico las convirtieron en una de las obras más populares de Brahms, tanto entre los intérpretes como entre el público.
Aunque varias de estas danzas parten de melodías populares o de temas procedentes del repertorio de los músicos gitanos, Brahms no se limitó a copiarlas o transcribirlas. Por el contrario, las transformó profundamente mediante su propio lenguaje musical.
A través de refinadas armonías, elaborados contrastes de dinámica y una cuidada construcción formal, el compositor logró convertir ese material tradicional en auténticas miniaturas de concierto, llenas de color, carácter y sofisticación musical.
En esta audición comentada escucharemos varias de estas danzas mientras descubrimos algunas de sus características musicales más interesantes.
Prestaremos atención a los cambios bruscos de tempo que dan a estas piezas su particular sensación de libertad rítmica; a los ritmos típicos asociados a la música húngara, con sus acentos inesperados y su impulso casi improvisado; y a los constantes contrastes de carácter, que alternan secciones melancólicas y cantables con otras llenas de brillante energía.
También observaremos cómo Brahms consigue equilibrar dos mundos aparentemente distintos: por un lado, la espontaneidad y el sabor popular de estas melodías; por otro, la solidez y el refinamiento de la escritura clásica. Ese diálogo entre tradición popular y elaboración artística es uno de los elementos que hacen de las Danzas húngaras una obra tan fascinante.
A través de ejemplos musicales y explicaciones claras iremos descubriendo qué elementos hacen tan reconocible esta música: sus giros melódicos característicos, su vitalidad rítmica y su extraordinaria capacidad para transmitir emoción con medios relativamente simples.
Todo ello nos permitirá comprender mejor por qué estas piezas han cautivado al público desde su estreno en el siglo XIX hasta nuestros días y por qué siguen formando parte habitual del repertorio de conciertos.
Una oportunidad perfecta, en definitiva, para disfrutar de una música llena de energía, ritmo y pasión… y para aprender a escucharla con nuevos oídos, descubriendo los secretos que se esconden detrás de una de las páginas más célebres del Romanticismo musical.
Sobre Johannes Brahms

(Hamburgo, 1833 – Viena, 1897) Compositor alemán. En una época en que la división entre partidarios y detractores de Richard Wagner llegó a su grado más alto, la figura de Brahms encarnó para muchos de sus contemporáneos el ideal de una música continuadora de la tradición clásica y de la primera generación romántica, opuesta a los excesos y las megalomanías wagnerianos.
No por ello cabe considerarlo un músico conservador: como bien demostró en las primeras décadas del siglo XX un compositor como Arnold Schönberg, la obra del maestro de Hamburgo se situaba mucho más allá de la mera continuación de unos modelos y unas formas dados, para presentarse cargada de posibilidades de futuro. Su original concepción de la variación, por ejemplo, sería asimilada provechosamente por los músicos de la Segunda Escuela de Viena.
Respetado en su tiempo como uno de los más grandes compositores y considerado a la misma altura que Bach y Beethoven, con los que forma las tres míticas «B» de la historia de la música, Brahms nació en el seno de una modesta familia en la que el padre se ganaba la vida tocando en tabernas y cervecerías. Músico precoz, el pequeño Johannes empezó pronto a acompañar a su progenitor al violín interpretando música de baile y las melodías entonces de moda.
Al mismo tiempo estudiaba teoría musical y piano, primero con Otto Cossel y más tarde con Eduard Marxsen, un gran profesor que supo ver en su joven alumno un talento excepcional, mucho antes de que éste escribiera su Opus 1.
Marxsen le proporcionó una rigurosa formación técnica basada en los clásicos, inculcándole también la pasión por el trabajo disciplinado, algo que Brahms conservó toda su vida: a diferencia de algunos de sus contemporáneos que explotaron la idea del artista llevado del arrebato de la inspiración y del genio, el creador del Réquiem alemán dio siempre prioridad especial a la disciplina, el orden y la mesura.
Excelente pianista, se presentó en público el 21 de septiembre de 1848 en su ciudad natal con gran éxito, pese a que, más que la interpretación, su verdadera vocación era la composición. En el arduo camino que siguió hasta alcanzar tal meta, Marxsen constituyó un primer eslabón, pero el segundo y quizá más importante fue Robert Schumann.
Tras una corta estancia en Weimar, ciudad en la que conoció a Franz Liszt, Brahms se trasladó a Düsseldorf, donde entabló contacto con Schumann, quien quedó sorprendido ante las innegables dotes del joven artista. La amistad entre ambos, así como entre el compositor y la esposa del autor de Manfred, se mantuvo durante toda su vida.
Siguiendo los pasos de Beethoven, en 1869 Brahms fijó su residencia en Viena, capital musical de Europa desde los tiempos de Mozart y Joseph Haydn. Allí se consolidó su personal estilo, que, desde unos iniciales planteamientos influidos por la lectura de los grandes de la literatura romántica alemana y cercanos a la estética de Schumann, derivó hacia un posicionamiento más clásico que buscaba sus modelos en la tradición de los clásicos vieneses y en la pureza y austeridad de Bach.
Brahms, que al principio de su carrera se había centrado casi exclusivamente en la producción pianística, abordó entonces las grandes formas instrumentales, como sinfonías, cuartetos y quintetos, obras todas ellas reveladoras de un profundo conocimiento de la construcción formal.
A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, y al igual que su rival, Anton Bruckner, fue partidario de la música abstracta y nunca abordó ni el poema sinfónico ni la ópera o el drama musical. Donde se advierte más claramente su inspiración romántica es en sus numerosas colecciones de lieder. En el resto de su producción, de una gran austeridad y nobleza de expresión, eludió siempre cualquier confesión personal.
Fuente
Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Johannes Brahms.
En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España).
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Escucha esta obra
Brahms | Hungarian Dances No. 5 & 6
Lunes 23 de marzo de 20:30 a 21:30
Lugar:Escuela de Música Soto Mesa
Precio: Individual 10€, bono de 5 sesiones 30€. Para una o varias personas.
Sta Cruz de Marcenado, 1, Madrid. Metro San Bernardo (L2-L4)
Reservas por WhatsApp: 670606201
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