Contexto de la noticia
Compuestas entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, las Danzas españolas, Op. 37, de Enrique Granados, son una aportación esencial al repertorio pianístico español.
La colección reúne doce piezas que, sin utilizar melodías populares literales, traducen en lenguaje pianístico el espíritu de la música española mediante una estilización artística de notable riqueza expresiva y técnica.
Entre ellas sobresalen Andaluza (Playera), Oriental, Fandango, Rondalla aragonesa y Villanesca, obras que revelan el equilibrio entre lirismo, ritmo y color característico de Granados.
Estas composiciones integran un universo sonoro donde la tradición popular se transforma en arte pianístico refinado, reflejo del nacionalismo musical y del estilo poético que define al compositor catalán.
Una nueva Audición Comentada
Las Danzas españolas, Op. 37, de Enrique Granados (1867–1916) constituyen una de las aportaciones más entrañables y sugerentes de la producción pianística española de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Lejos de apoyarse en melodías populares tomadas directamente del folclore, estas piezas nacen del espíritu de la música española, filtrado a través de la imaginación creadora del compositor.
El resultado es una colección de doce danzas de carácter muy diverso que, en conjunto, conforman un amplio fresco sonoro de notable riqueza expresiva y una duración aproximada de una hora.
Figura central del piano romántico español, Granados logra en estas obras una síntesis especialmente lograda entre formas de danza tradicionales y un lenguaje armónico refinado y profundamente expresivo, que anticipa algunos rasgos del nacionalismo musical del siglo XX.
Cada una de las danzas puede entenderse como un retrato evocador —del carácter, del paisaje o de la emoción— y todas juntas componen un mosaico lleno de color, ritmo y poesía, en el que conviven la elegancia cortesana, la melancolía introspectiva y la vitalidad rítmica.



A lo largo del ciclo se suceden piezas de gracia delicada y aire aristocrático, como Galante (Minueto), junto a otras de acento más sombrío o exótico, como Oriental, o de impulso rítmico marcado, como Fandango y Rondalla aragonesa.
Aparecen también páginas de carácter campestre y luminoso, como Villanesca, Valenciana o Asturiana, así como una singular Mazurca que, pese a su denominación, se integra con naturalidad en el universo expresivo español de la colección.
El ciclo reserva igualmente espacios para la introspección poética, como en Danza triste, y para un colorido rítmico de raíz popular particularmente intenso, como en Zambra, antes de cerrarse con el lirismo contenido y reflexivo de Arabesca.
Entre todas ellas destaca especialmente Andaluza (Playera), una de las piezas más conocidas y frecuentadas del repertorio pianístico español, cuyo tema ha trascendido el ámbito del piano gracias a numerosas transcripciones para otros instrumentos.
Desde el punto de vista pianístico, las Danzas españolas revelan el gusto de Granados por el color y la cantabilidad: armonías abiertas, acompañamientos que evocan el rasgueo de la guitarra y melodías que parecen surgir con naturalidad casi vocal.
Todo ello contribuye a crear una música de gran poder sugestivo, en la que el componente nacional no se apoya en la cita literal del folclore, sino en una recreación interiorizada y profundamente personal de lo español.
Escuchar estas danzas supone, en definitiva, una invitación a adentrarse en el universo sonoro de Granados desde una perspectiva directa y sensorial. Se trata de un repertorio que combina exigencia pianística, lirismo y un acusado sentido del carácter, y que permite descubrir la fecunda fusión entre la tradición clásica del piano y el espíritu popular hispánico.
Sobre Enrique Granados

(Enrique o Enric Granados y Campiña; Lérida, 1867 – en el canal de la Mancha, 1916) Pianista y compositor español. Era hijo de padre cubano y de madre gallega.
Su disposición para la música se reveló ya en su niñez; estudió los primeros elementos de solfeo y teoría en su ciudad natal con José Junceda. Niño aún, pasó a Barcelona, donde entró en la Escolanía de la Merced, dirigida por Francisco Jurnet; luego recibió lecciones de Juan Pujol (piano) y Felipe Pedrell (armonía).
A los diez años de edad empezó a dar conciertos públicos. En 1887 pasó a París, donde estudió con C. de Bériot; en la capital francesa vivió con su amigo y coterráneo, el pianista Ricardo Viñes. Regresó a Barcelona en 1889, donde dio un memorable concierto en el Teatro Lírico. En 1892 obtuvo un nuevo triunfo como concertista y como compositor al dar a conocer sus tres primeras Danzas.
Como pianista fue excelente colaborador de grandes violinistas como Joan Manén, Eugène Ysaye, Mathieu Crickboom y Jacques Thibaud. También actuó al lado de Édouard Risler, Camille Saint-Saëns y Joaquín Malats en la interpretación pública de obras escritas para dos pianos. En una de las primeras «Festes de la Música Catalana», obtuvo el primer premio; su Allegro de concierto fue laureado en un concurso nacional.
En 1910 envió sus composiciones para piano Goyescas al pianista Montoriol Tarrés, que residía en París. Tarrés estudió la obra y se entusiasmó con ella. La divulgó y pronto, ganado el apoyo de Vuillermoz, logró que la Société Musicale Independante organizara el 4 de abril de 1914 un concierto enteramente dedicado a Enrique Granados.
El éxito fue rotundo y constituyó la consagración del joven compositor. A raíz de este concierto le fue concedida la Legión de Honor y recibió de Rouché, director de la ópera parisiense, el encargo de convertir las Goyescas en ópera, para su representación en París.
Enrique Granados puso manos a la obra y concluyó la partitura sobre un libreto de F. Periquet; pero estalla la Primera Guerra Mundial y el proyecto se vuelve irrealizable. Así las cosas, Schirmer, el editor neoyorquino, enterado de la dificultad, se apresura a hacer proposiciones a Granados. Schirmer está dispuesto a editar la obra y la hará representar en Nueva York; Granados acepta y se traslada a América con su esposa.
La representación de Goyescas, efectuada en el Metropolitan el 28 de enero de 1916, constituyó un éxito, y Granados fue invitado por el presidente de los Estados Unidos para tocar en la Casa Blanca. Esta circunstancia fue causa de que el compositor perdiera el transatlántico que había de volverle a España.
Cumplido su compromiso, no quiso esperar la salida de otro buque español y embarcó para Inglaterra; allí, en Folkestone, tomó el «Sussex», el cual, a poco de zarpar, fue torpedeado y hundido por un submarino alemán. Granados y su esposa murieron ahogados. La noticia causó sensación; en Barcelona, en Lérida, en París, en Nueva York, se le tributaron homenajes póstumos.
Además de las partituras citadas se deben a Granados, entre otras, las siguientes obras: Bocetos, 12 Danzas españolas, Piezas sobre cantos populares, Valses poéticos, Madrigal, la ópera María del Carmen (1898), Follet, Picarol, Liliana (sobre textos de Apel·les Mestres), una nueva serie de Danzas españolas, Sardana, Rapsodia aragonesa, El Pelele y El canto de las estrellas (para piano, coro y órgano). Para canto y piano compuso Canciones amatorias, Tonadillas, Elegía eterna, el poema sinfónico Dante, etc.
Enrique Granados fue además notable pedagogo; de la academia de música que en Barcelona llevaba su nombre salieron muchos de los mejores pianistas catalanes de esos últimos tiempos. Nuestro autor fue un extraordinario intérprete de la música popular hispánica, a la que estilizó con su alto sentido poético y su fina intuición.
Fuente
Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Enrique Granados.
En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España).
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Escucha esta obra
Enrique Granados: Andaluza,
No. 5 from «12 Spanish Dances», Op. 37
Lunes 2 de febrero de 20:30 a 21:30
Lugar:Escuela de Música Soto Mesa
Precio: Individual 10€, bono de 5 sesiones 30€. Para una o varias personas.
Sta Cruz de Marcenado, 1, Madrid. Metro San Bernardo (L2-L4)
Reservas por WhatsApp: 670606201
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