Tomas Marco presento “Selene”, su nuevo trabajo discográfico, en el Teatro Real





Ópera en un acto – 1967/74, revisión 2016

Con la perspectiva de ya medio siglo, Selene resulta hoy una ópera profética y visionaria en la historia de la música escénica española. Tomás Marco, su autor, concibió la obra en 1967, como una reinterpretación del concepto de «ópera», a la luz de las entonces emergentes vanguardias, tanto musicales como teatrales.

Un primer estadio de este proyecto, resultado de un encargo de la Fundación Juan March, tomó el título de Luna (1971). Pero no vería su redacción definitiva hasta su estreno en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, en 1974, ya con la denominación de Selene.

Humanísticamente hablando, Selene es una reflexión sobre la Luna, desde siglos inmutable, bella, inflexible y mágica, que se siente ultrajada por la decisión de los humanos de perturbar su soledad silenciosa. Y es que Marco trabaja en esta obra mientras la NASA revalidaba, uno tras otro, sus éxitos del proyecto Apolo, en el camino hacia ver cumplida la promesa de John Kennedy de poner un hombre en suelo lunar antes de que terminase la década de los 60, y retornarlo sano y salvo a la Tierra.

Toda la Música | Tomas Marco presento Selene, su nuevo trabajo discográfico, en el Teatro Real
El compositor y el director junto a los solistas en la presentación

Toda la Música | Tomas Marco presento Selene, su nuevo trabajo discográfico, en el Teatro Real

Toda la Música | Tomas Marco presento Selene, su nuevo trabajo discográfico, en el Teatro Real
Toda la Música | Tomas Marco presento Selene, su nuevo trabajo discográfico, en el Teatro Real
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Toda la Música | Tomas Marco presento Selene, su nuevo trabajo discográfico, en el Teatro Real
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Tomás Marco (*Madrid, 1942)
1-12 Selene (1967-2016). 52:03 m
Ópera en un acto
Libreto de Tomás Marco

Musikene Sinfonietta
Ana Otxoa, soprano / Lucía Gómez, mezzo
Iñigo Vilas, tenor / Jagoba Fadrique, barítono

Voces: Neri Hualde, Pilar Santigosa, Lorenzo Beteta, Fernando de Luis,
Marcelo Bellagamba y David Azurza

Director: José Luis Temes

Púlsar (1986) 13–15 – 19:21m
Orquesta Filarmónica de Poznań
Director: José Luis Temes

Selene, Primera grabación mundial / First World Recording.
Grabado en / Recorded at: Sala Miramón / Miramon Hall (San Sebastián / Donosti),
en marzo de 2016, por Cezanne Producciones.

Ingeniero de sonido / Sound Engineer: Javier Monteverde
Auxiliar / Assistant: Niko Domínguez
Diseño Gráfico / Graphic Dessign: Clara Deguines Guillem
Producción y textos/ Production and Texts: José Luis Temes
Textos en español / Texts in english
Libreto de Selene en el interior/ Selene’s Libretto enclosed
Editorial: Alpuerto /El Argonauta (Madrid)
Duración total / Total timing: 71:08 m

Selene (la Luna) interroga a Gea (la Tierra) sobre si los humanos no tienen mejor cosa que hacer más que molestarla y violar su paz secular. No se olvide que en aquellos años el colosal esfuerzo de todo tipo que supuso la conquista de la Luna fue muy contestado desde algunos sectores sociales. En modo alguno se suma Marco a esta corriente crítica, sino que constata (a veces con sutil humor) los celos mutuos entre nuestro planeta y su satélite.

Los personajes de que se vale el libreto y su partitura son cuatro: Selene (la Luna, soprano), Gea (la Tierra, mezzo) y dos humanos (tenor y barítono, que en la versión de estreno se entendieron como astronautas, aunque no tiene por qué ser necesariamente así.)

Operísticamente hablando, Selene ofrece no pocas singularidades para el análisis musicológico. Las sintetizamos en tres:

A. Carece de libreto en el sentido normal del término. Y no sólo en cuanto que su libreto no ofrezca una acción argumental (algo muy común a muchas óperas de las últimas décadas), sino que Marco no ofrece un libreto único y excluyente. Él escribe en la partitura «su» posible libreto, o en todo caso el que entiende como germen; pero a partir de ahí cada producción puede (o no) complementarlo con otros diferentes. Y por supuesto, puede ser ofrecido en otros idiomas, preferentemente en el que sea común al de los espectadores de donde se representa la obra. Al fin y al cabo, todo esto no es sino el concepto de aleatoriedad llevado a la dramaturgia.

B. Sea cual fuere el texto que se utilice para la representación, éste no está encomendado a los cantantes, que sólo emiten sonidos y melismas. Son, pues, solistas por su tipo solístico de discurso musical y porque su expresividad les otorga un específico carácter a cada intervención: lírico, agitado, nostálgico, enfadado, dulce… Lo mismo sucede con el coro, que canta, apoya y subraya las acciones, pero sin comunicar ningún texto.

C. ¿A quién se encomienda, entonces, el libreto? Pues a cuatro o más voces actorales, no cantadas. En la formulación inicial de Marco, lo desempeñan cuatro actores en escena, cada uno correspondiente a los cuatro solistas. Pero pueden ser cuatro voces en off, o una solución mixta.

Por cierto, si examinamos la partitura observaremos que musicalmente no hay nada dejado a la improvisación; todo está escrito y compaseado como en cualquier partitura clásica. No hay música aleatoria, tan habitual en aquel momento. Toda la aleatoriedad recae en el planteamiento del libreto.

En lo que se refiere a la orquesta, es un conjunto sinfónico medio (unos 38-44 músicos, en función de la cuerda que se emplee), con la particularidad, no habitual en su época, de un cuarteto de saxofones. Y amplio despliegue de percusión.

Tras su referido estreno en 1974 (con dirección musical de Odón Alonso y escénica de Rafael Pérez Sierra), fue repuesta en el mismo escenario en 1996 (con Cristóbal Halffter y José Carlos Plaza, respectivamente) y un planteamiento escénico algo diferente.

Para la producción que se recoge en nuestra grabación (presentada en San Sebastián/Donostia en marzo de 2016) se ha modificado un aspecto de la partitura original: que puesto que la parte original de coro se ha pasado literalmente a dos sintetizadores (uno para las voces masculinas y otro para las femeninas), debidamente programados. Sus particellas, por tanto, se disparan desde dos teclados.

En cuanto a la dramaturgia, nuestra versión (obviamente, con visto bueno y supervisión de Tomás Marco, a quien agradecemos su compañía en todo el proceso) se sirve de seis voces en off (las correspondientes a los cuatro cantantes, más una para los textos precolombinos y otra para los textos en euskera), ampliamente tratadas por programas informáticos, inviables, claro está, cuando se estrenó la ópera hace más de cuatro décadas. Mi mayor agradecimiento a Javier Monteverde por su inestimable ayuda en la utilización de estos programas.

Por desgracia, fueron muchas las obras el último tercio del siglo XX que marcaron una época por sus planteamientos conceptuales, pero que carecieron de un humanismo propiamente artístico que las hiciera perdurar como obras de arte intrínsecas, en sí mismas, por el propio placer de su escucha y contemplación. Las encuadramos, hoy con tristeza (pues muchas marcaron una época y una dirección), bajo el concepto genérico de «música experimental». Pero Selene en absoluto está en ese grupo: pues es de las obras «elegidas» por la historia para trascender la mera influencia musicológica y convertirse en un todo bellísimo en sí mismo, profundamente humano. Cabe hablar, sin duda, de un «sutil lirismo» entre sus páginas, sin miedo a la connotación romántica de esta expresión, tan paradójica en una obra de las denominadas «vanguardias históricas». Es ésa su mayor grandeza, ahora que podemos deleitarnos en la contemplación de esta luna bajo la lente del telescopio del medio siglo transcurrido.

Púlsar, para orquesta – 1986

Como Bonus de este disco ofrecemos Púlsar, para orquesta, de 1986. Otra obra de Tomás Marco que toma como inspiración un elemento relacionado con la Astronomía. Tres amplias secciones, sin interrupción, evocan el mundo rotatorio, obsesivo, geométrico y onírico de cada «púlsar», un tipo de estrella de neutrones, descubierto en 1967. Su comportamiento como emisión de energía, de una constancia «rítmica» más allá de lo imaginable racionalmente, los ha hecho incluso útiles al ser humano para calibrar instrumentos de altísima precisión, con un error prácticamente igual a cero. Tomás Marco tuvo la gentileza de dedicarme esta espléndida obra.

José Luis Temes

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