Contexto de la noticia
El órgano de tubos produce sonido al conducir aire a presión desde fuelles o ventiladores hasta una caja de viento. Cuando se pulsa una tecla, una válvula dirige el aire hacia los tubos correspondientes a los registros activados.
Los tubos labiales hacen vibrar una columna de aire, mientras que los tubos de lengüeta emplean una lámina metálica.
Este principio tiene antecedentes en el hydraulis helenístico, donde el agua ayudaba a mantener estable la presión del aire.
Las dimensiones del instrumento dependen principalmente de la cantidad y el tamaño de sus tubos: los largos generan notas más graves y los cortos, más agudas.
La consola, formada por teclados, pedalero y mandos de registro, controla las válvulas mediante transmisiones mecánicas, neumáticas o eléctricas.
La diversidad de materiales, formas y registros permite obtener numerosos timbres y combinar sonoridades semejantes a las de flautas, trompetas, oboes o violas.
Publicado en TLM
El órgano de tubos produce sonido al enviar aire a presión hacia sus tubos, donde vibra una columna de aire o, en algunos casos, una lengüeta metálica. El principio del instrumento se remonta a la antigüedad, y la diversidad de formas, tamaños y registros permite obtener una enorme variedad de alturas, timbres y combinaciones sonoras.
¿Cómo produce el sonido?

Aunque se toque mediante teclados, el órgano de tubos es esencialmente un instrumento de viento. Su sonido se produce cuando una corriente de aire atraviesa los tubos y hace vibrar la columna de aire contenida en su interior.
El aire procede de un sistema de alimentación que antiguamente funcionaba mediante fuelles accionados de forma manual y que, en muchos órganos actuales, cuenta con un ventilador eléctrico. Desde allí se conduce hasta una caja situada bajo los tubos, conocida como secreto o caja de viento.
Cuando el organista pulsa una tecla, el mecanismo abre una válvula y permite que el aire llegue a los tubos correspondientes, según los registros que se encuentren seleccionados.
No todos los tubos producen el sonido de la misma manera. En los llamados tubos labiales, el aire incide sobre un borde y genera una vibración semejante, en su principio básico, a la de una flauta de pico.
Otros contienen una pequeña lengüeta que vibra al recibir el aire. En ambos casos, el sonido procede de la vibración provocada por una corriente de aire mantenida a una presión relativamente estable.

Los antecedentes conocidos del órgano se remontan a la antigüedad. Una de sus primeras formas fue el hydraulis, desarrollado en el ámbito de la Alejandría helenística y atribuido habitualmente a Ctesibio, hacia el siglo III a. C.
En aquel instrumento, el agua no era la que producía el sonido, sino que ayudaba a regular la presión del aire que llegaba a los tubos. A lo largo de los siglos, aquel principio fue transformándose hasta dar lugar a los complejos órganos de tubos que conocemos actualmente.
¿Por qué es tan grande?

El tamaño de un órgano de tubos depende principalmente del número y de las dimensiones de sus tubos. Cada uno está construido para producir una altura determinada y forma parte de una serie asociada a un registro. Por ello, para disponer de muchas notas y diferentes familias sonoras se necesitan numerosos tubos, que deben distribuirse de manera ordenada dentro del instrumento.
La longitud de los tubos también influye en la altura del sonido. En términos generales, los más largos producen notas más graves, mientras que los más cortos generan sonidos más agudos. Algunos tubos destinados a los registros graves pueden alcanzar varios metros, por lo que requieren un espacio considerable.
A ello se añaden la caja de viento, los conductos que distribuyen el aire, los mecanismos que conectan la consola con los tubos y, en algunos casos, distintas secciones situadas a diferentes alturas o lugares del edificio. La fachada visible suele mostrar solo una parte del conjunto: muchos tubos y componentes permanecen ocultos detrás de ella.
No todos los órganos tienen las mismas dimensiones. Existen pequeños órganos destinados a capillas, salones o conjuntos de cámara, mientras que los grandes instrumentos de iglesias y auditorios pueden contener cientos o miles de tubos. Su tamaño, por tanto, no responde únicamente a una intención monumental, sino también a la cantidad de notas, registros y posibilidades sonoras para las que fue construido.
¿Cómo funciona por dentro?

El órgano se controla desde una consola que puede reunir uno o varios teclados para las manos, un teclado de pedales y numerosos mandos. Estos últimos permiten seleccionar los registros que participarán en cada momento y determinar, por tanto, qué grupos de tubos podrán sonar.
Cuando el organista pulsa una tecla, la orden se transmite hasta el sistema que controla las válvulas de la caja de viento. Si uno o varios registros están activados, el aire llega al tubo o a los tubos correspondientes a esa nota. Al soltar la tecla, se interrumpe el paso del aire y el sonido cesa.
La conexión entre la consola y las válvulas no es idéntica en todos los instrumentos. En algunos órganos se realiza mediante un sistema mecánico de varillas, palancas y otras piezas móviles. Otros emplean mecanismos neumáticos, eléctricos o electroneumáticos, especialmente cuando la consola se encuentra alejada de los tubos o el instrumento posee grandes dimensiones.
En el interior, los tubos se organizan en grupos o hileras de características semejantes y pueden repartirse entre distintas secciones del órgano. Junto a ellos se encuentran las cajas de viento, los conductos de aire y el sistema de transmisión. La apariencia monumental de la fachada oculta así una estructura compleja, construida y adaptada para cada instrumento y para el lugar en el que debe sonar.
¿Qué hace sonar los tubos?

Los tubos del órgano suenan cuando reciben una corriente de aire. Sin embargo, no todos producen el sonido del mismo modo.
En los tubos labiales, que constituyen una parte importante del instrumento, el aire atraviesa una abertura estrecha y choca contra un borde. Este proceso pone en vibración la columna de aire contenida en el tubo, de una manera comparable, en términos generales, a lo que ocurre en una flauta.
Los tubos de lengüeta funcionan de otra forma. En ellos, el aire hace vibrar una pequeña lámina metálica situada en su base. Esa vibración se transmite al aire contenido en el tubo y produce un sonido de carácter diferente, utilizado con frecuencia para imitar o recordar instrumentos como la trompeta, el oboe o el fagot.
La altura de la nota depende principalmente de la longitud efectiva del tubo: cuanto más largo es, más grave suele ser el sonido; cuanto más corto, más agudo. También influyen su forma, su diámetro, el material y el modo en que ha sido construido, factores que contribuyen a determinar su timbre.
Cada tubo está concebido normalmente para producir una nota concreta. Por eso, una sola hilera de tubos necesita tantos elementos como notas abarque el teclado, y un órgano con numerosos registros puede reunir una cantidad muy elevada de tubos diferentes.
¿Cómo consigue tantos timbres?

El órgano puede producir una gran variedad de timbres porque sus tubos se agrupan en registros. Cada registro reúne una serie de tubos construidos con características semejantes, de modo que todas las notas del teclado conservan una identidad sonora común.
Las diferencias entre unos registros y otros dependen de numerosos factores: el material de los tubos, su forma, su diámetro, su longitud y el sistema mediante el cual producen el sonido. Los tubos pueden ser abiertos o cerrados, cilíndricos o cónicos, labiales o de lengüeta. Estas variaciones modifican la presencia de los armónicos y, con ello, el color que percibe el oído.
Algunos registros reciben nombres como flauta, trompeta, oboe o viola porque su timbre puede recordar, en mayor o menor medida, a esos instrumentos. No se trata de reproducciones exactas, sino de sonoridades propias del órgano inspiradas en determinados colores instrumentales.
El organista puede utilizar un solo registro o combinar varios. Al superponer distintas familias de tubos, también de diferentes alturas, obtiene sonoridades más delicadas, brillantes, oscuras o poderosas. La acústica del espacio donde se encuentra el instrumento contribuye asimismo al resultado final, especialmente en iglesias y grandes salas.
TLM



















