Contexto de la noticia
El concerto grosso es una forma musical del Barroco construida sobre el diálogo entre el concertino, un pequeño grupo de intérpretes, y el ripieno o tutti, un conjunto instrumental más numeroso.
El contraste entre ambos se manifiesta mediante cambios de volumen, textura, registro, articulación y color sonoro. Frente al concierto solista, el protagonismo no recae en un único instrumento, sino en una formación reducida que interactúa con el conjunto.
Arcangelo Corelli consolidó el género con sus Concerti grossi Op. 6, caracterizados por el equilibrio de las voces, y Georg Friedrich Händel desarrolló un lenguaje más dramático y variado.
El Concierto de Navidad de Corelli, los Concerti grossi Op. 6 de Händel y algunos Conciertos de Brandeburgo de Bach constituyen ejemplos destacados de este modelo instrumental barroco.
Publicado en TLM
El concerto grosso es una forma instrumental del Barroco basada en el diálogo entre un pequeño grupo de intérpretes, llamado concertino, y un conjunto más amplio, el ripieno. Su interés reside en el contraste de sonoridades, texturas y protagonismos, desarrollado de manera especialmente significativa por compositores como Corelli y Händel.
Concertino y ripieno

El concerto grosso se articula, por lo general, mediante la relación entre dos grupos instrumentales de distinta entidad. El concertino reúne a unos pocos intérpretes, mientras que el ripieno —también denominado tutti— corresponde al conjunto más amplio.
El concertino suele asumir pasajes de mayor movilidad, detalle o protagonismo, aunque no funciona necesariamente como un grupo de solistas independientes en el sentido moderno. El ripieno amplía la sonoridad, refuerza determinadas ideas y establece contrastes de volumen, densidad y color.
La composición de ambos grupos podía variar. En muchos ejemplos barrocos, el concertino está formado por dos violines y violonchelo, pero esta combinación no constituye una regla invariable. Lo esencial no es tanto una plantilla fija como el diálogo entre una formación reducida y otra más numerosa.
El juego del contraste

En el concerto grosso, el contraste no depende únicamente de alternar un grupo pequeño con otro más amplio. También puede surgir de los cambios de intensidad, textura, registro, articulación o carácter entre unas secciones y otras.
El paso del concertino al ripieno modifica la percepción del espacio sonoro: unas veces la música parece replegarse y ganar detalle; otras, se expande con mayor peso y energía. Esta alternancia no siempre responde a un esquema rígido, pero suele actuar como uno de los principales motores de la obra.
Más que enfrentar dos bloques aislados, muchos compositores construyeron entre ellos una relación flexible, con imitaciones, respuestas y materiales compartidos. Por eso, el contraste funciona también como diálogo.
Frente al concierto solista

La diferencia principal suele estar en el reparto del protagonismo. En el concierto solista, un instrumento individual ocupa el primer plano frente al conjunto; en el concerto grosso, esa función corresponde normalmente a un pequeño grupo, el concertino.
Esto modifica el tipo de diálogo. El solista puede desarrollar una voz más individualizada, mientras que el concertino permite combinar varias líneas y crear una conversación interna entre sus integrantes antes de responder al ripieno.
La separación entre ambos modelos no siempre es absoluta. Algunas obras presentan rasgos intermedios, y dentro del propio concertino determinados instrumentos pueden adquirir mayor relieve. Aun así, la oposición entre un solista individual y un grupo reducido sigue siendo una referencia útil para distinguirlos.
Corelli y Händel
Arcangelo Corelli suele considerarse una figura decisiva en la consolidación del concerto grosso. Sus doce conciertos, publicados póstumamente como Op. 6, contribuyeron a fijar un modelo basado en el diálogo entre un concertino —habitualmente dos violines y violonchelo— y el ripieno. Su escritura destaca por el equilibrio de las voces y por una alternancia de grupos que no busca únicamente el efecto espectacular.
Georg Friedrich Händel retomó ese modelo y lo desarrolló con una mayor variedad de recursos. En sus Concerti grossi Op. 6, el contraste puede adquirir un carácter más teatral, con cambios de textura, ritmo y expresión muy marcados, aunque también aparecen momentos de gran intimidad.
Corelli y Händel representan, por tanto, dos referencias fundamentales del género, pero no las únicas. Sus obras permiten apreciar cómo una misma idea —el diálogo entre pocos y muchos— podía adoptar soluciones muy distintas.
Qué escuchar
Para reconocer con claridad el funcionamiento del concerto grosso, puede comenzarse por el Concierto grosso Op. 6 n.º 8 de Corelli, conocido como Concierto de Navidad. En él se percibe con facilidad la alternancia entre el concertino y el conjunto, dentro de una escritura contenida y equilibrada.
Los Concerti grossi Op. 6 de Händel ofrecen un lenguaje más amplio y cambiante. El n.º 5 o el n.º 6 permiten escuchar cómo el contraste entre los grupos puede adquirir mayor impulso dramático, sin perder la relación interna entre las voces.
También algunos Conciertos de Brandeburgo de Bach, aunque no responden siempre de manera estricta al modelo corelliano, muestran principios cercanos al concerto grosso: varios instrumentos destacados, combinaciones tímbricas variables y una relación dinámica con el conjunto. El n.º 2 y el n.º 5 resultan especialmente útiles para apreciar esas posibilidades.
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