Contexto de la noticia
La representación de Lucrezia Borgia en el Teatro de la Maestranza sitúa la ópera de Donizetti en un marco artístico encabezado por Marina Rebeka, la dirección musical de Maurizio Benini y la propuesta escénica de Silvia Paoli.
El texto subraya la importancia de esta obra en el desarrollo del melodrama romántico, la influencia ejercida sobre el ambiente musical de la época y la aportación literaria de Felice Romani, cuya colaboración con el compositor alcanza aquí uno de sus momentos más significativos.
El relato argumental se despliega entre Venecia y Ferrara y gira en torno a la identidad de Gennaro, la figura de Lucrezia y el conflicto derivado de las intrigas familiares, los envenenamientos y las venganzas.
La historia avanza hacia un desenlace marcado por la revelación del vínculo entre madre e hijo, manteniendo los elementos de fatalidad y tensión emocional que caracterizan la tradición lírica italiana del siglo XIX.
Publicado en TLM
Ver: Marina Rebeka debuta en Sevilla con su primera Lucrezia Borgia en el Teatro de la Maestranza
El Ciclo de Lírica continúa los días 3, 6 y 9 de diciembre con Lucrezia Borgia, de Donizetti, que llega por primera vez al escenario del Maestranza. La aclamada soprano Marina Rebeka encabeza un reparto de primer nivel para esta esperada producción.
El veneno del melodrama
El estreno de Lucrezia Borgia en La Scala, en diciembre de 1833, coincidió con la estancia en Milán de un joven músico en plena formación: Giuseppe Verdi. No existe constancia documental de que el futuro maestro asistiera a alguna de las funciones, pero la hipótesis es verosímil.
Milán era entonces un punto neurálgico para cualquier aspirante a compositor, y Donizetti, ya consolidado, ejercía una influencia palpable en el ambiente musical.
Si Verdi tuvo ocasión de oír la ópera, debió advertir de inmediato la potencia expresiva que emanaba de aquella partitura: la construcción rigurosa de la tensión dramática, el manejo incisivo del declamado, la habilidad para concatenar escenas de gran impacto emocional y la facilidad para moldear situaciones de alto voltaje teatral.
Estos rasgos, característicos del Donizetti más maduro, dejarían un sedimento profundo en el joven Verdi, contribuyendo a configurar la personalidad dramática que años más tarde transformaría el melodrama italiano.

Días 3, 6 y 9 de diciembre a las 20:00 hs | Teatro de la Maestranza
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Porque en Lucrezia Borgia emerge un Donizetti que, sin renunciar al dibujo refinado de la línea vocal ni a su instinto melódico innato, se adentra en un territorio expresivo nuevo: el del melodrama romántico en su fase embrionaria.
Apenas habían transcurrido dos años desde el estreno de Lucia di Lammermoor, pero la evolución estilística es palpable.
Inspirándose en la obra homónima de Victor Hugo, el compositor construye un drama de fuerte impronta literaria, teñido de sombríos matices, atravesado por la presencia constante de la fatalidad y articulado en torno a pasiones humanas que fluctúan entre el amor, la venganza, la culpa y el destino trágico.
La atmósfera del relato —con sus tensiones familiares irresolubles, identidades ocultas y pulsiones destructivas— ofrece a Donizetti un amplio campo de experimentación. Allí pone a prueba técnicas narrativas que, lejos de limitarse a la ornamentación belcantista, buscan incidir en la psicología de los personajes y en la resonancia dramática de cada escena.
En este marco, resulta especialmente significativa la figura del libretista Felice Romani, uno de los escritores teatrales más respetados de su tiempo y colaborador fundamental del compositor en varias de sus obras.
Lucrezia Borgia fue su última labor conjunta, y la partitura conserva algo de esa compenetración creativa gestada durante años. El equilibrio entre la fluidez cantabile, el juego de contrastes escénicos y la adecuación del verso al temperamento de cada personaje alcanza aquí una de sus expresiones más logradas.
Esta ópera, que llega por primera vez al Teatro de la Maestranza, lo hace en unas condiciones especialmente propicias para revelar la fuerza de su propuesta artística. Al frente del reparto se encuentra la soprano Marina Rebeka, una intérprete cuya trayectoria internacional se distingue por el rigor técnico y la intensidad expresiva.
Su aproximación a Lucrezia —mujer temida y respetada, poderosa e implacable, pero atravesada por un conflicto íntimo que la humaniza— ofrece la oportunidad de profundizar en un personaje que exige tanto virtuosismo vocal como sutileza psicológica.
Lejos de la figura unidireccional de la femme fatale, Rebeka perfila a una protagonista consciente de su vulnerabilidad, obligada a sobrevivir en un mundo dominado por estructuras masculinas y capaz de recurrir a la fuerza, incluso a la brutalidad, para no convertirse en víctima.
En el foso, la dirección de Maurizio Benini —una de las batutas más sólidas del repertorio italiano del XIX— garantiza una lectura fiel al espíritu original de la obra: transparente, enérgica, articulada y atenta al equilibrio entre el impulso teatral y la belleza del canto.
Su presencia, habitual en las grandes casas de ópera internacionales, aporta solvencia y una visión madura del estilo donizettiano, tan exigente en su combinación de lirismo, tensión y precisión rítmica.
La puesta en escena lleva la firma de Silvia Paoli, directora, dramaturga y actriz italiana con una creciente relevancia en el panorama europeo.
Su trayectoria, marcada por un enfoque contemporáneo sobre textos y partituras tradicionales, se ha caracterizado por la profundidad en la construcción de personajes y por la búsqueda de una dramaturgia clara, directa y emocionalmente legible para el público de hoy.
Su experiencia como colaboradora de Damiano Michieletto —uno de los directores más influyentes de la escena actual— se traduce en una sensibilidad escénica que combina dinamismo visual, lectura psicológica y un sentido orgánico del movimiento teatral.
Lucrezia Borgia sigue siendo, a casi dos siglos de su estreno, una obra capaz de generar un efecto inmediato: un verdadero “veneno” teatral cuya intensidad permanece intacta.
Entre la belleza del canto y el impacto emocional de la trama, Donizetti compone aquí una de sus pócimas más eficaces, un melodrama en el que el virtuosismo y la pasión se entrelazan para revelar la fragilidad y la grandeza del ser humano.
Argumento
Prologo
En el Palacio Grimani, en Venecia, en el curso de una fiesta de disfraces. Un grupo de jóvenes amigos comenta la velada. Sale el nombre de Lucrezia Borgia, a cuya corte en Ferrara los jóvenes se dirigirán al día siguiente, en calidad de séquito de una delegación veneciana.
A uno de ellos, Gennaro, no le gusta oír hablar de la duquesa de Ferrara y se aparta. Luego, cansado, se duerme. Entre tanto, Maffio Orsini narra a los otros que, durante la batalla de Rimini, cuando Gennaro le salvó la vida, se juraron vivir y morir juntos. Justamente en ese instante, un vejo intimó a los dos jóvenes a huir de los Borgia, pues con ella hubiese llegado la muerte.
Tras el relato, los amigos regresan a las diversiones de la fiesta. Llega una dama enmascarada: es Lucrezia Borgia que, al ver visto a Gennaro dormido, se acerca y lo observa amorosamente. Gubetta tiene la misión de seguirla y protegerla y teme que, a pesar de la máscara, alguien pueda reconocerla e insultarla. Pero Lucrezia, despreocupada del riesgo, lo aleja para quedarse sola con el joven durmiente. Lo observa profundamente conmovida.
Se quita la máscara para enjugarse las lágrimas que le bañan el rostro. En ese instante comparecen a lo lejos dos figuras enmascaradas que se detienen a observar los gestos de la dama: son el duque Alfonso, marido de Lucrezia, y su criado Rustighello.
El duque ha advertido desde hace tiempo el interés de su esposa por Gennaro, cree que son amantes y piensa en la venganza. En realidad, el joven es hijo secreto de Lucrezia, y ella, sabiéndolo en Venecia, ha venido para poder verlo.
Tras haber confirmado sus sospechas, el duque parte con Rustighello. Mientras Lucrezia besa con ternura la mano de su hijo, éste se despierta. Cautivado por la dama desconocida, Gennaro le ruega que no se vaya y tras conversar con ella le confiesa sentir por ella una misteriosa atracción, a pesar de no conocerla.
La llegada de los amigos interrumpe el diálogo, Lucrezia se recoloca la máscara pero ya ha sido reconocida: con desprecio cada uno de los recién llegados le recuerdan sus numerosos crímenes. Gennaro se muestra disgustado.
Acto primero
En Ferrara, el duque Alfonso es informado por Rustighello de que Gennaro ha llegado a la corte y está alojado junto al palacio de la duquesa. Ahora no le queda más que urdir un plan para obtener su venganza.
De la casa de Gennaro salen alegremente sus amigos deleitándose de antemano con la inminente fiesta en casa de la princesa Negroni. Sólo él está pensativo y, en broma, sus compañeros se burlan de él diciéndole que ha sido hechizado por Lucrezia.
Para convencerlos de la falsedad de esta afirmación, Gennaro se acerca al blasón fijado en el palacio de la duquesa y elimina la primera letra del nombre convirtiéndolo en «orgía».
Dos hombres vestidos de negro aparecen en ese instante, los jóvenes abandonan rápidamente la calle y Gennaro entra en su casa. Rustighello, por cuenta del duque, se ha apostado para tender una emboscada a Gennaro mientras Astolfo, enviado por Lucrezia, llega al mismo lugar. Tras deshacerse de Astolfo, Rustighello y los esbirros del duque raptan a Gennaro.
En el palacio ducal, Alfonso da instrucciones a Rustighello para que prepare dos copas, una de ella con vino envenenado para Gennaro. Entra Lucrezia, que exige a su marido que la vengue por la afrenta recibida condenando a muerte a su ofensor.
Pero cuando se encuentra delante de Gennaro, entre tanto introducido entre guardias, Lucrezia se desdice bajo la irónica mirada del duque y minimiza lo sucedido. Pero Alfonso se muestra inflexible: ha prometido la muerte para el reo y no va a romper su juramento. Haciendo que Gennaro salga, descubre sus cartas y acusa a su esposa de infidelidad. Lucrezia lo niega pero no revela a su marido la naturaleza del amor que siente por el joven.
Alfonso, henchido de rabia, se muestra inamovible y sólo concede a Lucrezia la elección del instrumento de muerte: el puñal o el veneno. Vuelven a introducir a Gennaro. El duque finge haber admitido la demanda de gracia solicitada por la duquesa y ofrece al joven, en señal de paz, una copa de vino.
Después de que Gennaro ha bebido de la copa envenenada y Alfonso se retira, Lucrezia revela a su joven protegido que ha sido envenenado y que su única posibilidad de salvación es beber el antídoto que le ofrece. Venciendo su primera desconfianza, vencido por las desesperadas súplicas de Lucrezia, Gennaro toma el antídoto. La duquesa, aliviada, le ruega que abandone Ferrara inmediatamente.
Acto segundo
Rustighello y los esbirros están espiando la casa de Gennaro. El duque ha descubierto que ha sobrevivido al veneno y que se dispone a abandonar la corte. Rustighello tiene orden de matar al joven.
Con la llegada de Maffio Orsini, Rustighello y los esbirros se esconden.
Orsini llama a la puerta de Gennaro y éste sale vestido de viaje y le dice a su amigo que no asistirá a la fiesta de la princesa Negroni sino que regresará a Venecia al estar amenazado de muerte.
Maffio insiste, no cree lo que Gennaro le cuenta, está seguro de la honestidad del duque y duda, en cambio, de las palabras de Lucrezia. Al final, le convence para que crea que la duquesa ha fingido salvarle para ganarse su gratitud, por lo que Gennaro decide quedarse.
Mientras ambos amigos se dirigen a la fiesta, los esbirros se disponen a abalanzarse sobre Gennaro pero Rustighello los detiene: el joven hallará la muerte en casa de la princesa Negroni.
La fiesta está en curso, se brinda y el vino corre a raudales. Entre los invitados se encuentra Gubetta siguiendo órdenes de Lucrezia. Cuando los amigos parecen suficientemente ebrios, insulta a Orsini hasta el punto de provocar una riña.
Las damas huyen y los jóvenes se quedan solos. Cuando los ánimos se aplacan, aparece un copero para ofrecer vino de Siracusa, del que beben todos excepto Gubetta. Orsini entona una balada que es interrumpida por un lúgubre coro que se oye a lo lejos. En la sala se apagan las luces, los amigos tratan de salir, pero las puertas están cerradas.
Se abre entonces de par en par una puerta y entra Lucrezia seguida de un cortejo fúnebre. Anuncia que el vino estaba envenenado y que esta ha sido su respuesta a la afrenta recibida en Venecia. Luego advierte la presencia de Gennaro y se muestra trastornada.
Alejados todos, la duquesa ruega a Gennaro que se beba el poco antídoto que le quedara, pero el joven quiere compartirlo con sus amigos: o se salvan todos o morirá con ellos, pero antes matará a Lucrezia.
Toma un cuchillo para asestar el golpe y entonces Lucrezia, desesperada, le revela que es su madre. Se oye a lo lejos el gemido de Orsini, que muere invocando a su amigo, mientras Gennaro expira entre los brazos de su madre. Se abren las puertas y entra Alfonso seguido de la corte. Lucrezia, abatida, revela que Gennaro era su hijo, su esperanza, su consuelo, y se extingue también ella sobre el cuerpo de su hijo.
Lucrezia Borgia, Gaetano Donizetti | Ópera | Maestranza
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Diciembre en el Maestranza
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