Diego Martín Etxebarría estrena El hada de carnaval en Mönchengladbach





Mönchengladbach, El hada de carnaval

Compartir una velada en el Teatro de Mönchengladbach con su afable público y elenco es una experiencia por demás agradable y encomiable. En este cálido círculo de personas uno se siente en familia, como en la sala de estar de su propio hogar y disfruta con más fruición aún de lo que acontece sobre el escenario.

Toda la Música | Diego Martín Etxebarría estrena El hada de carnaval en MönchengladbachEsta tarde del sábado 23 de septiembre comienza la temporada 2017/2018 con Die Faschingsfee (El hada de carnaval), del húngaro Emmerich Kálmán, quien junto con Franz Léhar, Robert Stolz y Edmund Eysler, entre otros, fuera uno de los fundadores de la era argéntea (1900 – 1920) de la opereta vienesa.

La pieza, poco representada últimamente, fue estrenada el 21 de septiembre de 1917 (hace exactamente un siglo; durante una de las peores fases de la Primera Guerra Mundial, con la Revolución de Octubre a punto de estallar), llevada al cine en 1931 y traducida con adaptaciones a varios idiomas. Ahora se la desentierra, se la desempolva y se la lleva a cartel por primera vez en esta sala repleta de público.

Frente al telón todavía cerrado, el popular alcalde de Mönchengladbach en persona dirige un saludo de bienvenida a los espectadores y compara la obra lírica que va a ser representada instantes después, así como la apreciada labor conjunta de esta casa con el Teatro de la cercana ciudad de Krefeld (en las tres ramas: ópera, ballet y teatro) con la fineza de una exquisita y apetitosa caja de bombones.

Toda la Música | Diego Martín Etxebarría estrena El hada de carnaval en Mönchengladbach
Toda la Música | Diego Martín Etxebarría estrena El hada de carnaval en Mönchengladbach
Toda la Música | Diego Martín Etxebarría estrena El hada de carnaval en Mönchengladbach
Toda la Música | Diego Martín Etxebarría estrena El hada de carnaval en Mönchengladbach
Diego Martín Etxebarria, director de orquesta

El jefe comunal es muy aplaudido, todo suena con absoluta naturalidad y, al contrario, nada hace pensar que haya sido un mensaje para captar votos furtivos, ya que al otro día, domingo 24, tienen lugar las elecciones parlamentarias federales de Alemania. Es justo decir que en este domicilio se pueden ver joyitas que muy raramente se encuentran en otros templos operísticos, verbigracia El cónsul, de Gian Carlo Menotti, que admiramos el pasado mayo, o el precioso ballet Sinfonía de la vida, del coreógrafo estadounidense Robert North, en junio.

El director musical español Diego Martín-Etxebarría, desde hoy Erster Kapellmeister (¡enhorabuena!!!) al frente de la orquesta Niederrheinische Sinfoniker (Sinfónica de Baja Renania), cumple aquí una maravillosa labor, exigiendo y manteniendo en todo momento un sobresaliente y equilibrado nivel de calidad del conjunto, de los cantantes y del coro durante las tres horas muy amenas, con mucho ritmo que dura el espectáculo. Todo suena con gran intensidad y desenvoltura; los valses, vibrantes y con suntuoso colorido.

El argumento es ligero y divertido a la vez: es carnaval y el pintor Viktor Ronai (Michael Siemon, muy natural, con gran armonía y voluminosa voz) ofrece una fiesta en el bar y café El pincel verde, en el barrio bohemio, por haber ganado un valioso premio como artista. Cuando uno de los invitados, el elegante Dr. Lothar Mereditt (ajustadamente encarnado por el suizo Juan Carlos Petruziello), molesta a una bella dama presente (estupenda, elegante, graciosa y audaz la estadounidense Debra Hays), Viktor interviene y pone coto al asunto. Pero, pronto descubre que el individuo al que había amonestado era el patrocinador del galardón, quien abandona ofendido la reunión. Para la dama, el artista se ha comportado como un auténtico caballero, por lo que considera que es merecedor de un beso suyo y se lo da, apasionadamente.

El pintor estima que el gesto de esta desconocida señora, que él bautiza como el hada de carnaval, es mucho más valioso que la distinción perdida y durante la noche lleva al lienzo, de memoria, en su taller, un retrato de ella evocando los hermosos rasgos de su rostro y figura. Al día siguiente todo parece estar en orden, ya que el dinero del premio llega a sus manos. Pero poco a poco se va dando cuenta de que la cautivadora mujer fue quien puso el dinero. A continuación transcurre la serie de equívocos característicos del género y todo termina con un final muy feliz para Viktor y el hada, quien resulta ser nada menos que la ilustre princesa Alexandra Maria.

La puesta del regisseur (y también tenor) Carsten Süss, ambientada en la década de 1950, es entretenida y ambiciosa. Muestra a una sociedad que hiede a tiempos muy pretéritos bajo su superficie. La figura de Mereditt, elegantemente trajeado, de cabello engominado, el típico galán que utiliza su posición social para abusar de las mujeres, se decanta con el saludo hitleriano como un nazi de nueva generación. Petruziello, quien en la vida real forma una pareja de tenores con Süss, domina la escena con su presencia. Todo resulta un poco forzado, como el gag del cuadro de Richard Wagner que se cae por accidente dejando a la vista uno de Adolf Hitler escondido detrás sobre una de las paredes del foyer de un elegante hotel.

En fin, todos estos puntos no muy convincentes se pasan por alto oyendo la maravillosa música de Kálmán con la Niederrheinische Sinfoniker y la batuta de Martín-Etxebarría. Los metales se lucen como si vistieran de púrpura con su sonido. La intervención solística del violonchelo sale a pedir de boca con el primer beso de Alexandra y Viktor. Al instante se advierte el entusiasmo y la entrega de todo el conjunto. La comunión entre músicos, cantantes y coro con el director es perfecta.

En los papeles estelares Hays hace una preciosa figura con Siemon, tanto histriónica como vocalmente. Pero en los roles secundarios Markus Heinrich (Hubert von Mützelburg) y Gabriela Kuhn (Lori Aschenbrenner) no le van a la zaga y logran personajes muy temperamentales y de gran comicidad.

La escenografía de Siegfried E. Mayer está plagada de detalles que divierten a la platea. En el acto inicial, la taberna de artistas está situada en un sótano; escaleras arriba se llega a la calle, iluminada con una lámpara de época; un automóvil de comienzos de los 50 espera al hada junto a la puerta. En el segundo acto, el taller de Viktor se encuentra en una buhardilla con los típicos ventanales inclinados mirando hacia el norte.

En en el último acto, sobre el piso del restaurante del lujoso hotel yace tendida una piel de oso sobre la que tropieza uno de los camareros (alude a Dinner for one, un sketch del cómico británico Freddie Frinton de gran éxito desde 1963 en la televisión de este país). También el vestuario de época (incluso el de carnaval) de Dietlind Konold es muy realista convirtiendo a todo el elenco (coro y extras incluidos) en un alegre entretenimiento para los ojos de los espectadores; hay mucho, pero mucho movimiento con la nada facil coreografía de David Williams, espléndidamente lograda.

Los aplausos y ovaciones se extendieron por más de 20 minutos; cuatro veces sucesivas aparecieron en línea todos los artistas sobre el escenario para agradecer tanta efusividad. Diego Martín-Etxebarría cerró la velada impulsando con gran brío otra vez a la orquesta para interpretar, como propina, la animada marcha final de la obertura. Mientras salimos de la sala levitan en el aire todavía los acordes de uno de los fragmentos más pegadizos de El hada de carnaval: Liebe Himmelvater, sei nicht bös (Dios padre querido, no te enfades)…Es seguro que más de un fanático de la opereta vienesa no querrá perderse esta extraoridinaria puesta de antología en Mönchengladbach o en Krefeld.

Vídeo: Die Faschingsfee • Theater Krefeld Mönchengladbach

Ficha técnica

Teatro de Mönchengladbach
Premiere: Die Faschingsfee (El hada de carnaval)
Opereta en tres actos compuesta en 1917 por Emmerich Kálmán (Siofók, Hungría, 1882 – París, 1950)
Libreto de Alfred Maria Willner y Rudolf Österreicher
Estrenada el 21 de septiembre de 1917 en el Johan-Strauß-Theater, de Viena. Régie Carsten Süss.

Escenografía Siegfried E. Mayer
Vestuario Dietlind Konold
Coreografía David Williams
Dramaturgia Ulrike Aisleitner
Asistente de dirección Sybille Northmann

Intérpretes

Debra Hay (Alexandra, el hada de carnaval)
Michael Grosse (Rittmeister Ottokar von Grevlingen)
Juan Carlos Petruziello (secretario de estado
Dr. Lothar Mereditt), Michael Simon (Victor Ronai)
Hayk Deinyan (Samuel Lubitscheck)
Markus Heinrich (Hubert von Mützelburg)
Gabriela Kuhn (Lori Aschenbrenner)
Coro del Teatro de Krefeld y Mönchengladbach preparado por Maria Benyumova, Michael Preiser y Aki Schmitt)
Extras del Teatro de Krefeld y Mönchengladbach
Orquesta Niederrheinische Sinfoniker
Dirección musical Diego Martín-Etxebarría
100% del aforo.

Juan Carlos Tellechea

Diego Martín Etxebarria, director de orquesta

“Sintamos los colores de nuestros músicos”

Con 36 años, Diego Martín Etxebarria es capaz de llevar la batuta de la Norma de Bellini en el Théâtre des Champs-Élysées de París. Su agenda está repleta. Este joven director vasco afincado en Berlín, que comenzó sus estudios musicales en Amurrio y Vitoria, dirigió la Euskadiko Ikasleen Orkestra del País Vasco y la Akademisches Orchester Freiburg. Además, ha sido invitado por numerosas orquestas y ha dirigido varias óperas. Sus compromisos se han multiplicado desde que en octubre se alzara con el primer puesto del Tokyo International Music Competition for Conducting, el prestigioso premio de directores de orquesta de la capital nipona.

Toda la Música | Diego Martín Etxebarría estrena El hada de carnaval en Mönchengladbach
Diego Martín Etxebarria, director de orquesta

¿Cuándo decidió dedicarse a estudiar dirección de orquesta?

Mi caso es un tanto curioso porque yo siempre he querido ser director de orquesta, incluso desde antes de saber qué representaba exactamente esta figura. Con los años he descubierto que la dirección de orquesta es mucho más apasionante de lo que imaginaba y, obviamente, que conlleva mucho más trabajo del que pensaba.

¿Qué se necesita para convertirse en director, aparte de mucho estudio?

Aunque cuando me inscribí en la Escuela de Música de mi pueblo (Amurrio, Álava) lo primero que dije es que quería ser director de orquesta, en realidad, eso es algo que llega al final de la carrera musical. Primero uno debe formarse como músico en todas las vertientes y, después de todo eso, se da un pasito más para ponerse delante del grupo. La técnica de la dirección (la gestualidad básica con los brazos) no es excesivamente compleja para un músico bien formado; la dificultad reside en otros aspectos: musicalidad, claridad de ideas, flexibilidad, psicología, empatía, dotes de comunicación… Y todos ellos encuentran su camino a través del conocimiento profundo de la partitura. Cuando una idea musical está clara en la cabeza, la mano la mostrará correctamente y, ciertamente, si se posee un mínimo de técnica gestual, así es. Esta misma claridad de ideas aporta seguridad y flexibilidad a uno mismo y eso se transmite a la orquesta contribuyendo así a la buena conexión con los músicos, porque si hay algo que desean es que el director sepa exactamente el resultado que espera obtener.

¿Cuáles han sido sus apoyos?

Me he encontrado en mi camino muchas personas que vieron algo especial en mí y a las que estoy muy agradecido por su apoyo: profesores de Amurrio, Vitoria, Barcelona, Weimar, Dresde… Quienes han recorrido conmigo el largo camino previo tienen una gran importancia en el músico que soy ahora.

¿Y sus directores referentes?

Dentro de la dirección de orquesta siempre he sido un gran admirador de Carlos Kleiber, una personalidad tremendamente particular pero con un talento, musicalidad, expresividad y pasión inigualables. En Dresde tuve la oportunidad de coincidir con Christian Thielemann en el que vi la magia de un carisma arrollador y lo que se puede extraer de una orquesta cuando se posee una gran energía interior. Y, también en Dresde, tuve contacto con Frühbeck de Burgos, el cual me mostró la calma y el control absolutos que llegan a tener los directores veteranos. ¡Estoy deseando cumplir años!

Si habláramos de niveles, ¿en qué punto de su carrera se encuentra en estos momentos?

Han pasado 8 años desde que dirigí mi primera ópera. Pero ser director de orquesta es un camino larguísimo y, probablemente, interminable. El premio en el concurso de Tokio ha abierto de golpe numerosas puertas que estoy deseando explorar. Espero tener la inteligencia, el tiempo y la suerte para descubrir cuál es mi camino. Hubert Soudant, miembro del jurado y director honorario de la Tokyo Symphony Orchestra, me comentaba que nuestra sociedad actual se ha vuelto muy reacia a las segundas oportunidades y eso está haciendo que la gente cada vez asuma menos riesgos. Nunca me ha gustado seguir caminos ya transitados por otros así que veremos qué me depara la vida.

¿Qué cambia en la interpretación de una sinfonía, pongamos por caso la Quinta, de Beethoven, tocada por la misma orquesta pero en dos conciertos distintos: en uno dirigida por Abbado y en otro por Gergiev?

En una partitura encontramos indicaciones como “rápido”, “lento”, “fuerte”, “suave”, “largo”, “corto”… Pero, ¿cuánto es rápido o lento, fuerte o suave? Incluso cuando está escrito el número de metrónomo no está todo resuelto. Si nos centramos en el ejemplo específico de una Quinta de Beethoven dirigida por Abbado o por Gergiev, probablemente la versión de Abbado será algo más rápida, con una orquesta algo más reducida y un sonido más ligero.

Usted ha marcado un hito al ganar el Concurso Internacional para Dirección de Orquesta de Tokio, que llevaba 15 años desierto. ¿Qué aporta usted a la dirección de orquesta?

El tribunal valoró especialmente dos aspectos: la excelente conexión con la orquesta y la expresividad. La verdad es que la relación con la New Japan Philharmonic fue fantástica desde el primer momento. Aparte del altísimo nivel de la orquesta y su impecable disciplina durante el ensayo, lo más especial fue la relación tan cercana que se estableció con los músicos, sobre todo, en el concierto. Una orquesta y un director que disfrutan en el escenario lo transmiten al público y éste, consciente o inconscientemente lo capta y se involucra mucho más.

Hoy, ¿quién es su referente a la hora de levantar la batuta?

Cada uno entendemos una partitura de una manera diferente y tenemos una manera diferente de transmitir esas ideas, del mismo modo que cada persona piensa y se expresa de una manera distinta. Como ya he dicho, soy un gran admirador de Carlos Kleiber pero nunca se me ocurriría hacer las cosas que hacía él: funcionaban porque era Carlos Kleiber.

¿Con qué orquesta le gustaría trabajar? ¿Y de cuál ser titular?

No se puede negar que todos tenemos ciertos nombres de orquestas en la cabeza a las que nos gustaría llegar (Filarmónica de Berlín, Filarmónica de Viena, Metropolitan de Nueva York…). Por supuesto que uno de mis objetivos es dirigir más en España y, quizás a través del premio, sea uno de los retos que pueda cumplir a más corto plazo. Tampoco se trata de ser chovinistas pero, actualmente, España está generando músicos de un nivel excepcional así que, ¿por qué no aprovecharnos de ello? A veces pensamos que los nombres extranjeros atraen a más público que los nuestros pero, dejando a un lado las superestrellas, yo siempre he creído que al público le gusta ver en el escenario a alguien cercano. Esto que se dice tanto en fútbol de “sentir los colores de tu equipo” pues “sintamos los colores de nuestros músicos“.

¿Cómo trabaja un director de orquesta?

La parte de ensayo con la orquesta es muy corta (3 o 4 días en el caso de un concierto y unas dos semanas para una ópera) así que el 90% del trabajo de un director se desarrolla en los meses previos. En mi caso es un proceso bastante largo porque mi objetivo final es saberme la música de memoria. Hay que tener la partitura en la cabeza y no la cabeza en la partitura para así, ganar en seguridad y libertad. Sin la partitura reaccionas más rápido y, un detalle que para mí es fundamental, eso te permite mirar a los músicos a los ojos. La conexión que se produce cuando tienes suficiente autonomía para mirar a cada uno de ellos a la cara es inigualable porque ellos lo notan, lo agradecen y te devuelven esa mirada.

Un par de tópicos: ¿tiene un compositor favorito? ¿Y una pieza preferida?

¡Qué difícil reducir 500 años de repertorio a un compositor y una obra! Lo que sí puedo decir es que me siento muy cercano al repertorio operístico. La Bohème de Puccini es una de mis óperas preferidas y, además, hace 2 años tuve la oportunidad de dirigirla en el Teatro de la Ópera de Augsburg.

¿Pueden los directores de orquesta tener un tipo de música favorita o deben amarla en todas sus formas?

Por supuesto que tenemos obras que nos gustan más que otras y no creo que haya ningún problema en ello. Simplemente hay que ser consecuente con las afinidades personales e interpretar obras con las que uno se siente realmente identificado. El componente pasional es fundamental en el arte para comunicarse con el público.

¿Cuándo le veremos sobre los escenarios españoles?

En diciembre estaré en Cataluña dirigiendo una obra de teatro lírico catalán compuesta por Enric Morera y titulada La viola d’or, y en primavera debutaré en el Teatro Arriaga de Bilbao con la ópera Powder her face de Thomas Adés.

Fuente

Ver todas las entradas ordenadas por fecha, excepto la actual

Click aquí

Conozca al equipo que está detrás de Toda La Música

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies