Cavallería Rusticana y Pagliacci en la Temporada de Ópera de Sabadell y Ciclo Ópera de Cataluña





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Un pedazo (sangrante) de vida

Por Jaume Radigales | Crítico musical

“Un pedazo de vida”. Esto es lo que pretende mostrar el verismo, si hacemos caso de las palabras del Prólogo de Pagliacci de Ruggiero Leoncavallo: el telón no se ha alzado aún, pero la ópera ya ha empezado. La pieza es de 1892 y está basada en unos hechos reales, que sucedieron en Calabria, y que impresionaron al futuro músico cuando tan solo tenía 18 años. Su padre, un juez, fue quien investigó el caso. De la vida al teatro, pues, y es a partir de entonces la ópera italiana dejaría de lado la literatura romántica y la mitología clásica y se fijaría en hechos cotidianos o en obras literarias ligadas al realismo y al naturalismo: Zola, Balzac o Giovanni Verga fueron algunas de las fuentes que legitimaban aquella nueva modalidad operística.

Toda la Música | Cavallería Rusticana y Pagliacci en la Temporada de Ópera de Sabadell y Ciclo Ópera de Cataluña
Jaume Radigales | Crítico musical

Claro que Pagliacci se estrenó dos años después de Cavalleria rusticana, la ópera que Mascagni había presentado al concurso de composición del editor Edoardo Sonzogno –rival de Ricordi- y que ganó. A partir de entonces, la ópera italiana ya no sería lo mismo. El viejo Verdi –el anciano Verdi, para ser más exactos, dada la dimensión de sabiduría que se esconde detrás de toda ancianidad- se lo debía mirar y escuchar detrás del parapeto del viejo zorro que nunca dejó de ser. Y quizá por esto Falstaff supondría un gesto más o menos de aprobación hacia esos jóvenes compositores, aunque el músico de Busseto ponía punto y final a toda una vida ligada al teatro resguardado en la convicción de “todo en el mundo es una burla” bajo la forma de una fuga arcaizante, un poco por aquello del “Torniamo all’antico e sarà progresso”. Corría el año 1893, cuando Cavalleria y Pagliacci campaban por los teatros de toda Italia y el resto de Europa.

Volvamos, pues, a aquello que nos convoca hoy: el doble programa –como en aquellos cines de barrio perdidos para siempre y vivos en la memoria de los nostálgicos- constituido por las óperas de Pietro Mascagni y Ruggero Leoncavallo. Curioso: a pesar de la no desdeñable lista de óperas escritas por Mascagni (15 títulos) y Leoncavallo (20 títulos entre óperas y operetas), estas dos obras son prácticamente las únicas por las cuales les recordamos y que siguen representándose asiduamente por todas partes… ¡y apenas habían salido del conservatorio cuando las escribieron! Puccini, su colega y amigo a ratos, tuvo más suerte, con una fama que va desde su tercera ópera (Manon Lescaut) hasta la última (Turandot) y sin altibajos cualitativos a lo largo de un catálogo de doce obras maestras.

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Cor AAOS

Cavalleria rusticana, inspirada en un relato breve de Giovanni Verga –el autor de I Malavoglia, que daría pie a la cinematográfica La terra trema de Visconti- nos situa en la Sicilia más clásica, la de la religiosidad que roza la superstición, la de las venganzas, la de los clanes familiares terriblemente enfrentados entre ellos… la que prefigura, en definitiva, la mafiosa “Cosa nostra”: con no poca inteligencia, Francis Ford Coppola utilizó esta ópera como colofón musical y narrativo de la tercera y última parte de la magistral Godfather. La partitura, inspiradísima, contiene momentos de gran intensidad dramática, con no pocos “hit parade” que todo el mundo, quien más quien menos, reconoce: el intermezzo, el aria de Turiddu “Mamma, quel vino è generoso”, el ritmo a modo de “galop” del aria del bruto Alfio, o aquel rasgado “A te la mala Pasqua” con que Santuzza ponte punto y final a su dueto con Turiddu. Por no hablar de los aires populares de las partes corales, riquísimas en color y sentido melódico, para que no nos olvidemos de que en Italia la gente canta como habla y habla como canta.

Pagliacci contiene uno de los lugares comunes del arte dramático: teatro dentro del teatro. Porque será en medio de una representación de una pieza de Commedia dell’arte cuando Canio, el payaso, asesine a su esposa Nedda apuñalándola como venganza por su adulterio. El público ficticio, presente en el escenario, cree que aquello forma parte de la trama, hasta que se da cuenta de que la sangre es real cuando Tonio proclama, solemnemente, que “La commedia è finita”, con lo cual demuestra que Canio no tenía razón cuando había proclamado, en el primer acto, que “Il teatro e la vita non sono la stessa cosa”. Por lo tanto, de nada habrán servido a Canio las lágrimas vertidas en “Vesti la giubba”, perfecta síntesis de otro tópico: el payaso que ríe por fuera y llora por dentro. ¡Cuanta sabiduría sintetizada en una música sincera, directa, que apuñala los sentimientos de los espectadores/oyentes de esta pequeña obra maestra!

Y con todo, y a modo de conclusión, no podemos olvidar la genial paradoja que supone el verismo en el contexto de la ópera como forma musical: Mascagni, Leoncavallo, Puccini, Giordano, Cilea, Zandonai y tantos otros músicos adscritos al verismo buscaban el máximo de realismo con un canto directo, expresivo, que huyera de las ornamentaciones y el artificio del canto. Pero… ¿no es artificial amar, matar, brindar o morir cantando? En términos estrictamente ontológicos, el verismo es imposible, porque no nos levantamos cantando; no comemos cantando; no hacemos el amor cantando… quizá algunos cantan (cantamos –mal, todo hay que decirlo-) en la ducha, pero poca cosa más. He aquí, no obstante, la gran mentira y la fascinación que sentimos por la ópera, porque nos emocionamos hasta las lágrimas mientras Canio asesina –cantando- a su esposa Nedda. Esto es el verismo, esto es la ópera, un gran mentira revestida de verdad. Y es que las emociones siempre son verdaderas, incluso las que llevan a sangrar.

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Reparto

CAVALLERIA RUSTICANA

Santuzza: Eugènia Montenegro
Turiddu: Enrique Ferrer
Mamma Lucia: María Luisa Corbacho
Alfio: Toni Marsol
Lola: Mariya Melnychyn

PAGLIACCI

Canio: Enrique Ferrer
Nedda: Montserrat Martí / Svetla Krasteva
Tonio: Toni Marsol
Beppe: César Cortés
Silvio: Joan Garcia Gomà

Ficha técnica

Dirección musical: Santiago Serrate
Dirección del coro: Daniel Gil de Tejada
Dirección de escena: Miquel Gorriz
Colaborador vestuario: Carles Ortiz
Asistente de escena: Anna Ponces
Diseño escenografía: Pau Monterde
Iluminación: Nani Valls
Vestuario: AAOS

Cor Amics de l’Òpera de Sabadell
Orquestra Simfònica del Vallès

Toda la Música | Cavallería Rusticana y Pagliacci en la Temporada de Ópera de Sabadell y Ciclo Ópera de Cataluña
César Cortés (Beppe) – Montserrat Martí (Nedda) – Enrique Ferrer (Canio) – Toni Marsol (Tonio)
Cor AAOS

Sesiones

Fecha: 25/04/2018 Horario: 20.00 h Lugar: Sabadell, Teatre La Faràndula
Fecha: 27/04/2018 Horario: 20.00 h Lugar: Sabadell, Teatre La Faràndula
Fecha: 29/04/2018 Horario: 18.00 h Lugar: Sabadell, Teatre La Faràndula
Fecha: 01/05/2018 Horario: 18.00 h Lugar: Manresa, Teatre Kursaal
Fecha: 04/05/2018 Horario: 20.30 h Lugar: Sant Cugat del Vallès, Teatre-Auditori
Fecha: 06/05/2018 Horario: 18.00 h Lugar: Granollers, Teatre Auditori
Fecha: 09/05/2018 Horario: 21.00 h Lugar: Lleida, Teatre de la Llotja
Fecha: 11/05/2018 Horario: 21.00 h Lugar: Tarragona, Teatre Tarragona
Fecha: 13/05/2018 Horario: 18.00 h Lugar: Vic, Teatre L’Atlàntida
Fecha: 22/05/2018 Horario: 21.00 h Lugar: Reus, Teatre Fortuny
Fecha: 25/05/2018 Horario: 20.30 h Lugar: Girona, Teatre Municipal

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Argumentos

Cavallería Rusticana

La acción tiene lugar en un pueblo de Sicilia a finales del siglo XIX

Acto único

Es el día de Pascua. El joven Turiddu canta una siciliana (O Lola ch’ai di latti la cammisa) dedicada a Lola, la muchacha a la cual juró su amor antes de partir al servicio militar. Pero después, durante su ausencia, Lola se casó con Alfio, un carretero. Ahora, con este canto, Turiddu muestra que su pasión no se ha desvanecido en absoluto.

Nace el día i el coro protagoniza la primera escena (Gli aranci olezzano). A continuación entra Santuzza, que ha sido seducida por Turiddu y tiene miedo de ser abandonada; cada día crecen más sus celos enfermizos. Santuzza se dirige a Mamma Lucia, tabernera y madre de Turiddu, la cual le responde que su hijo ha ido a por vino a Francofonte, un pueblo vecino, pero Santuzza cree que ha pasado la noche en el pueblo. Llega Alfio, impetuoso y feliz (Il caballo scalpita) e interrumpe el diálogo entre ambas mujeres y confirma, sin ninguna intención especial, que ha visto a Turiddu esa misma mañana cerca de su casa.

Antes de que todo el mundo entre en la iglesia para celebrar la liturgia de Pascua, se canta un himno al Señor (Innegiamo, il Signor non è morto). Después Santuzza revela su drama a Mamma Lucia (Voi lo sapete, o mamma): Turiddu sigue amando a Lola. Cuando Santuzza queda sola en la plaza ve acercarse a Turiddu. Cree entonces llegado el momento de clarificar la situación pero él no quiere escucharla y, cuando la muchacha le da la prueba de conocer su relación con Lola, queda turbado; busca desviar la conversación y finalmente es presa de la ira (Bada Santuzza, schiavo non son di questa vana tua gelosia). Pasa entonces Lola, que se dirige a la iglesia y, cantando, no hace más que excitar aún más los celos de Santuzza, sobretodo cuando asume una actitud de desafío y de ironía. De nuevo solos, Santuzza hace un último intento con Turiddu (La tua Santuzza piange e t’implora), pero sin éxito. Entonces lo amenaza, pero Turiddu le responde que no quiere saber nada de sus obsesiones (Dell’ira tua non mi curo!) y la tira al suelo; seguidamente, entra también en la iglesia, sin poder oír la maldición que profiere Santuzza (A te la mala Pasqua, spergiuro!).

Una vez ha terminado la tensa escena entre Santuzza y Turiddu reaparece Alfio y la joven decide revelarlo todo: acusa a Lola (Lola v’adorna il tetto in malo modo!) de mantener una relación con Turiddu mientras Alfio trabaja fuera de casa. Este decide vengarse antes del anochecer (Vendetta avrò pria che tramonti il dì).

La escena queda vacía unos instantes (es el momento del famoso intermedio orquestal) y a continuación todo el mundo sale de la iglesia y cada cual se dirige a su casa, pero antes Turiddu quiere hacer un brindis (Viva il vino spumeggiante), acabado el cual llega Alfio, a quien Turiddu invita también a beber. Sin embargo, el carretero no puede disimular y rechaza la invitación, mientras se desvanece la alegría de todos, que es sucedida por una preocupación general. Turiddu ha comprendido: abraza a Alfio y le muerde la oreja derecha, señal de desafío en Sicilia. Alfio sale y Turiddu, antes de seguirlo, se despide de su madre (Mamma, quel vino è generoso) y le confía a Santuzza por si a él le sucede alguna cosa. Turiddu no vuelve y la tensa espera es rota por un grito dramático: Hanno ammazzato compare Turiddu!, que anuncia la muerte del joven.

Pagliacci

La acción tiene lugar en un pueblo de Calabria, a finales del siglo XIX.

Prólogo

A telón bajado aparece un payaso (Si può?), que después representará el papel de Tonio, y anuncia a los espectadores que el drama, aunque representado por actores, trata de seres humanos con sentimientos corrientes. Es tan real como la vida misma. Después, se alza el telón.

Acto primero

Durante la tarde de la fiesta de la Asunción ha llegado al pueblo una compañía de cómicos ambulantes, recibidos con alegría por los lugareños. Canio, el director, anuncia que la representación comenzará puntual a las once de la noche. Nedda, su esposa, se dispone a bajar del carro y Tonio, un jorobado enamorado de ella, quiere ayudarla a bajar pero Canio, violentamente, lo aparta y ayuda él mismo a su mujer. La gente se mofa de Tonio, lo cual hace que éste murmure palabras de venganza.

Un lugareño invita a los comediantes a la taberna. Peppe acepta, pero Tonio declina la invitación. Otro habitante del pueblo dice jocosamente que Tonio se queda para hacer el amor a Nedda. Canio advierte solemnemente que esta situación graciosa en escena, no lo es en absoluto en la vida real (Un tal gioco). Nedda lo oye y queda preocupada, pues tiene un amante y tiene miedo a ser descubierta; Canio, sin embargo, asegura a la genta que no sospecha de ella. La gente del pueblo se retira imitando el toque de las campanas y cantando tonadas de amor.

Sola, Nedda canta escuchando el canto de los pájaros (Stridono lassù), sin advertir la presencia de Tonio. Ella se mofa de su declaración de amor y, en el momento en que él intenta besarla, le cruza la cara con un látigo. Dolorido y humillado, Tonio se va jurando venganza.

Un momento después aparece Silvio, que el verdadero amante de Nedda. Le pida que se fugue con él y ella, después de dudar, accede. No advierten que los ha visto Tonio, que corre a la posada a buscar a Canio. Este llega pero demasiado tarde para ver a Silvio, pero a tiempo para oír las palabras de Nedda (A stanotte e per sempre tua sarò!). Canio exige a su mujer el nombre de su amante, pero ésta se niega. Con su furia Canio está a punto de matar a Nedda, pero interviene Peppe; calma al marido y se lleva a Nedda mientras Tonio promete vigilar.

Vuelve Peppe y advierte a Canio que tiene que vestirse para la función. A solas, Canio mira su traje de payaso y se lamenta que a pesar de su tragedia personal tiene que hacer de payaso y divertir al público (Vesti la giubba).

Acto segundo

Los habitantes del pueblo empiezan a llegar a la plaza para asistir a la representación. Tonio los anima (Avanti! Avanti!). Mientras, Nedda va cobrando a los que llegan, uno de los cuales es Silvio y tiene la ocasión de hablar un momento con él. El público se impacienta, pues ya pasan de las once, cuando finalmente se levanta el telón.

En escena Nedda, vestida de Colombina, pone la mesa con dos cubiertos. El marido no está y como que el payaso Taddeo (Tonio) ha ido a comprar al mercado, el campo está libre. Entonces se oye la serenata de Arlecchino, el amante de Colombina (O Colombina), pero antes de que llegue aparece Taddeo que declara grotescamente su amor a Colombina, pero desiste al saber del amor de ésta por Arlecchino. Este entra en la casa y Taddeo promete vigilar.

Mientras cenan son interrumpidos por Taddeo, que les advierte que Pagliaccio vuelve. Arlecchino se va y Colombina se despide de él con las mismas palabras que por la tarde había dicho a Silvio (A stanotte e per sempre tua sarò!). Canio lo oye y la coincidencia lo hiere, pero se sobrepone y entra en escena representando el papel de Pagliaccio. En su personaje acusa a Colombina de tener un amante. La ficción no tarda en dar paso a la realidad y Canio acaba pidiendo a gritos el nombre del amante, mientras Taddeo le dice que Colombina es pura y nunca miente. Ella trata de reírse de su marido llamándole payaso y él le responde lleno de furia (No! Pagliaccio non son!).

El público, a excepción de Silvio, encuentra espléndida la representación y grita Bravo!. Nedda, asustada, intenta volver a la obra teatral y contesta a Canio que su amante es Arlecchino. Canio se siente burlado, coge una navaja y se abalanza sobre ella, mientras Tonio detiene a Peppe, que quería intervenir. Canio hiere a Nedda mortalmente y ella, en el espasmo de la muerte, llama a Silvio, que salta al escenario para ayudarla, pero Canio también lo apuñala. Mirando al público con la mirada perdida, Canio exclama: La commedia e finita!…

Cartel promocional

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